jueves, 15 de agosto de 2013

Bélgica 2012: Atomium y Mini-Europe, un paseo por el extrarradio de Bruselas

Era la mañana del 19 de septiembre de 2012 y después de dos días recorriendo las calles de Bruselas bajo un manto de nubes grises, el cielo nos dio una tregua y nos regaló unas horas de sol. Personalmente, soy amante de los días grises, pero reconozco que visitar el Atomium en un día soleado hizo lucir mucho su estructura metalizada. 

Cogimos el metro en una estación cercana a nuestro hotel, que por suerte nos llevaría al Atomium sin transbordos. El metro de Bruselas es sencillo porque tiene muy pocas líneas, en concreto seis. Para llegar al Atomium hay que viajar por la sexta (Roi Badouin-Simonis), dirección oeste, y bajar en Heysel. Desde el centro de la ciudad se tarda unos 15-20 minutos con este transporte, ya que el complejo donde se sitúa el monumento está a las afueras. Toda la vida había pensado que estaría más en el centro, pero cuando empecé a planear el viaje me lleve esta sorpresa. De todas formas, no es nada difícil llegar ni moverse por la capital belga en general. 


El Atomium fue el pabellón principal y el símbolo de la Exposición Universal de Bruselas de 1958. Su diseño fue obra de André Waterkeyn y representa un átomo de hierro ampliado 165.000 millones de veces. La estructura tiene 102 metros de altura y está formada por nueve esferas de 18 metros de diámetro comunicadas entre sí por tubos con escaleras mecánicas.


Llegamos media hora antes de que abriera sus puertas, así que nos dedicamos a recorrer los alrededores tranquilamente, pues la temperatura era muy agradable. Debo decir que el horario es de 10:00 a 18:00, aunque en la última planta hay un restaurante que no cierra hasta las 23:00 hrs. Las entradas se compran en un pequeño pabellón que hay justo enfrente, donde con la entrada ofrecen al visitante una completísima guía del monumento. La tienen en varios y numerosos idiomas, así que no hay de que preocuparse. Una entrada normal para adultos cuesta 11 €, pero si se compra combinada con Mini-Europe son 22,40 €, y así lo hicimos nosotros, para no tener que hacer una nueva cola allí y entrar directamente.

Por cierto, que aquella mañana estaban limpiando una de las esferas:



En el interior de las esferas hay exposiciones de carácter tanto permanente como temporal. Entre las exposiciones permanentes merece la pena destacar la que se refiere a la propia Exposición de 1958, en la que se incluyen todo tipo de documentos gráficos y multimedia. 

En la visita, primero suben al turista a lo alto en ascensor, que si no recuerdo mal, es el más rápido de Europa (o al menos, si no es así, lo era hasta hace poco). Arriba de todo está el restaurante (que cuando estuve olía a pan tostado requemado que echaba para atrás), y también se puede disfrutar de las vistas de Bruselas, aunque muy a lo lejos. Verdaderamente, lo que más se ve es un cercano aeropuerto y el parque de Laeken, inmensamente verde y poblado. En este parque se puede dar un paseo muy agradable y también visitar otros pabellones originales de la Exposición del 58. Nuestra intención era visitar el chino y el japonés, que tiene estructura de pagoda, pero desde lo alto del Atomium vimos que estaba en el quinto pino y decidimos omitirlo (total, dentro de poco vamos a dar nuestro primer salto a Asia y ya nos cansaremos de ver pagodas, ya). 


Después de subir con el ascensor y gozar de las vistas, hay que volver a bajar por el mismo método y ya se puede acceder a la zona de escaleras mecánicas para que el visitante se mueva a sus anchas. Toca entonces subir y bajar por las famosas escaleras mecánicas; algunas de ellas ofrecen una iluminación especial.



Como decía, la exposición permanente, que es la que hace referencia a la propia Expo Universal, es la más interesante, pero la itinerante... pues depende de lo que te toque. Cuando fuimos nosotros había una de muebles hechos de cartón endurecido. Había sillas, sofás, mesas e incluso soportes para televisiones. Era curioso, pero nada espectacular. Ya me habían dicho que el interior del Atomium podía resultar decepcionante y que no valía la pena entrar en compensación a las largas colas (que dependiendo de la hora del día pueden ser kilométricas), pero a mí no me gusta que me cuenten las cosas en general; tenía que comprobarlo por mí misma. Y bueno, es curioso por la estructura en sí, pero verdaderamente las exposiciones y actividades no son cosa de otro mundo y se liquidan rápido, así que si volviera tengo claro que no entraría otra vez. Sin duda, el fuerte del Atomium es su exterior, porque no es un edificio común y una no se puede dejar de preguntar cómo diantres se sostiene. 

Después de visitar el Atomium nos dirigimos a Mini-Europe. Para ello había que atravesar las vías del metro por un paso superior digno de cualquier apocalipsis zombie, y atravesar una zona de ocio desierta, muy enfocada en cuanto a decoración y servicios, a los años 90. Estaba todo bastante dejado, solitario, estropeado... Como de apocalipsis zombie, sinceramente. Me/nos dio una impresión muy triste.


Acerca de Mini-Europe también había oído que es bastante prescindible, pero debo decir que nosotros nos divertimos mucho. Las miniaturas son de gran calidad y algunas son interactivas o animadas. Por ejemplo, en los molinos de Holanda se puede girar una manivela para que se muevan las aspas o, recurriendo a topicazos, en la Plaza de Toros de la Maestranza se pulsa un botón y el público grita "¡¡Olé, olé!!", mientras el muñequito del torero hace su papel. En fin... La cuestión es que el paseo es largo y es algo curioso de ver. A mi marido y a mí nos chiflan las miniaturas, así que lo pasamos en grande, aunque el detalle del torero lo omitiría...


Las miniaturas están a escala 1/25 y hay 350 reproducciones de edificios que representan a 80 ciudades de países pertenecientes a la Unión Europea. Al final del recorrido hay una mini exposición que defiende el espíritu de la Europa unida y feliz y todas esas memeces. Resumiendo, Mini-Europe es algo curioso de ver y se puede consumir perfectamente una mañana o una tarde en este lugar, y más si se aprovecha y se visita de paso el Atomium. La verdad es que lo disfruté mucho, me resultó una experiencia agradable y tranquila. Os dejo unas fotos, a ver si reconocéis los lugares:














Y poco más. Cuando acabamos con Mini-Europe, pasamos por la zona de ocio porque era la hora de comer. Estaba aquello más animado, con familias y todo que andaban por allí, ya no era una zona (tan) zombie, así que decidimos quedarnos a comer por allí y volver a Bruselas más tarde. Os dejo unas instantáneas del momento:




Y con las mismas, volvimos a Bruselas por donde habíamos venido. Más tarde salimos a dar un paseo tranquilo, a cenar y de vuelta al hotel para terminar de planificar nuestra excursión del día siguiente: Brujas y Gante. Iba a ser una jornada muy completa, pero lo reservo para otro capítulo.
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