martes, 21 de mayo de 2013

Bélgica 2012: Manneken Pis, todo un símbolo de Bruselas

Es pequeño, es simplemente una fuentecilla, mucha gente se siente decepcionada cuando lo ve e, incluso, se nos puede pasar por alto si no estamos atentos, pero es una de las cosas que más ilusión me hizo visitar en Bruselas. Es un símbolo que estamos acostumbrados a ver toda la vida en postales, por la tele, en cajas de galletas, camisetas, parodias... Es el Manneken Pis.


La traducción de su nombre es "niño que mea". Es una estatua de bronce de 61 cm. situada en el centro histórico de Bruselas, al sur de la Grand Place, en la Rue de l'Etuve 46. Aquí tenéis la ubicación exacta (recordad que pinchando en el mapa podéis navegar por él y cambiarlo a vista satélite):



Había ya una estatua parecida de piedra a mediados del siglo XV, quizás ya desde 1388 (fecha de la primera mención hallada en los archivos de la catedral de Santa Gúdula), que fue robada en varias ocasiones. En 1619 fue reemplazada por una estatuilla de bronce hecha por el escultor barroco franco-flamenco Jérôme Duquesnoy el Viejo, que la situó sobre una columna de seis pies tallada por Daniel Raessens, siendo sustituida por el actual nicho en estilo rococó, en 1770. 

Los bruselenses protegieron la estatuilla durante el asedio y bombardeo de la ciudad por los franceses en 1695. Una inscripción quedó escrita bajo la estatua después del asalto francés: In petra exaltavit me, et nunc exaltavi caput meum super inimicos meos (El Señor me levantó sobre una roca, y ahora elevo mi cabeza sobre mis enemigos). 

La estatua actual es una reproducción de la original, que unos vándalos robaron allá por los años 60 del siglo XX, siendo objeto de noticias de prensa que contribuyeron a dar a la estatua y al monumento cierta fama internacional. Recuperado algún tiempo después el original, dando lugar a una nueva información mediática, por fin se depositó junto a otra copia de bronce dorado del siglo XVII en el Musée de la Ville de Bruselas.


Leyendas acerca del porqué de su construcción y su fama hay muchas, pero la más extendida viene a ser la siguiente: Un rico comerciante que visitaba la ciudad en familia perdió a su hijo pequeño y se organizaron unos grupos de búsqueda. El niño fue encontrado riendo y orinando en un pequeño jardín, por lo que el padre decidió ayudar a la construcción de una fuente. Una fuente que tiene a su hijo orinando en la parte superior.

El Manneken Pis en ocasiones viste su desnuda figura en días señalados como Navidad, San Patricio, para alguna efeméride especial... Incluso tiene un traje de Elvis Presley. En total, la estatuilla tiene unos 800 disfraces, derivados de un programa gestionado por la asociación sin ánimo de lucro Amigos del Manneken Pis. Si se quiere hacer una ronda por el fondo de armario del niño meón, se pueden ver todos los trajes en el Museo de la Ciudad de Bruselas, ubicado en la Casa del Rey (Grand Place). Yo no vi el museo, y la verdad es que cuando estaba organizando el viaje casi rezaba para no ver al Manneken Pis vestido. Lo quería ver desnudo, tal cual es, y así fue. Qué alivio. En la imagen que nos acompaña en este párrafo y que he obtenido de Wikipedia, lo tenéis disfrazado de Papá Noel, para haceros una idea. ¿Alguien que esté leyendo esto lo ha visto vestido de algo? ¿Puede compartir su experiencia?

Bueno, pues decir que para mi fue una experiencia grata. De pequeña mi familia tenía una casa de campo con un poco de terreno y una pequeña balsita para bañarnos, y uno de los adornos que teníamos era una estatua del Manneken Pis que podía pasar horas mirando, imaginándome cómo sería el verdadero niño meón. Era también una de las estatuas favoritas y a la que más cariño le tenía mi abuela, que ya no está entre nosotros, así que fue muy emocionante para mi ver al auténtico Manneken Pis en persona. Como decía al principio, mucha gente queda decepcionada por su tamaño o por lo escondido que está, pero luego cada uno tenemos nuestra historia particular. Por mi parte, dedico esta entrada a mi abuela. No pued dejar de tenerla presente ni un día, pero me acuerdo de ella en especial por este tipo de cosas que tanto le gustaban.


Y hablando de esconderse, el Manneken Pis tiene su réplica femenina. A la misma distancia que él de la Grand Place, pero hacia el norte, en una callejuela de la Rue des Brouchers, encontramos a la Jeanneke Pis. Es también una estatua y fuente, pero mucho más actual (fue esculpida en 1985 e inaugurada dos años después) y construida por funciones meramente comerciales. Se colocó en esa zona de restaurantes para impulsarlos, para que los turistas que quisieran ver a la niña meona, ya que estaban, se quedaran a comer. 


La Jeanneke Pis es difícil de encontrar. Nosotros queríamos verla por curiosidad y por aquello del "ya que estoy aquí...", y sabíamos más o menos por dónde caía, pero hasta el último día no la encontramos. Casi nos fuimos sin verla, que tampoco habría pasado nada, pero me conozco y soy muy cabezota. La verdad es que como anécdota y como algo gracioso no está mal si se anda por la zona, pero no es una visita imprescindible. 

martes, 7 de mayo de 2013

Bélgica 2012: Grand Place de Bruselas

Había oído o leído que la Grand Place de Bruselas es la plaza más bonita del mundo, o una de ellas. Lo cierto es que de entre las que yo he estado, puede que lo sea.

Su origen viene del siglo XI, cuando se implantó allí una zona de mercado. A lo largo de la historia ha visto muchas cosas, tanto buenas como malas. Ha visto reyes, mártires, actos de la Inquisición, alfombras de flores, bombas e incluso a Victor Hugo, que vivió en una de sus casas durante una temporada. Hoy en día es el centro de una ciudad que nunca duerme (o que se acuesta realmente tarde como para estar en el corazón de Europa).

Estar en la Grand Place de Bruselas es increíble, faltan ojos allá donde se mire. Caminar por las cercanías, sabiendo de su proximidad, decidir cuál es la calle por la que se va a entrar y hacerlo, todo marca ese momento especial. Sales de una estrechez plagada de turistas y gofres y de repente la plaza se abre ante ti, la Gran Plaza, la Plaza del Mercado.


La Grand Place es gris como el cielo y a la vez está plagada de color. Es imposible fotografiarla sin gente o captar en una imagen todo su esplendor y magnitud. En ella, el Ayuntamiento, cuyo arquitecto se suicidó lanzándose desde lo alto de la torre tras observar que la misma había quedado torcida; la Casa del Rey, que en sus orígenes era una panaderia (en flamenco se sigue llamando broodhuis, casa del pan), posteriormente fue vivienda del Duque de Brabante que llegó a ser Rey de España, hoy es el Museo de la Ciudad de Bruselas.


No faltan los detalles, la cerveza o los restaurantes. Es impresionante y, aunque más pequeña de lo que imaginaba, afirmo sin miedo que es una plaza única. No he visto cosa igual.



Y una vez llegada la noche, cuando entran en juego las luces y las sombras, sigue siendo igual de magnífica.




He aquí el lugar de Bruselas que más me gustó, aquel que más me dolió dejar atrás: la Grand Place. Sólo por ella regresaría.
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