domingo, 29 de septiembre de 2013

Bélgica 2012: Escondidos en Brujas (2ª Parte)

Seguimos nuestro recorrido por Brujas, ya por el pleno centro de la ciudad, donde pudimos deleitarnos con una de las vistas más famosas y espectaculares. Es un punto que popularmente se conoce como "Balcón de Brujas", porque es como asomarse a lo más emblemático. Quería señalar su ubicación en un mapa de Google, pero por lo visto han cambiado un poco la forma de hacerlos y no me aclaro muy bien, así que he optado por la clásica captura de pantalla. La equis marca el lugar ;)


Ese punto es visita obligada. Mirad mis fotos y lo entenderéis:



Me parece una de las vistas más fotogénicas y bonitas de Brujas. El problema es que está muy masificado; suele haber bastantes turistas y algunos acaparan el espacio con ansia, y más si se coincide con un grupo.

Bueno, hechas las fotos y deleitados con la visión, marchamos hacia el Belfort, el campanario de la ciudad. La historia de este monumento se remonta al siglo XIII. Originariamente la torre era de madera, pero a lo largo de su existencia se quemó en varias ocasiones. La función de este edificio era comercial y administrativa; acogía un mercado de lana, pero también los archivos de la ciudad, que desaparecieron en varias ocasiones debido a los incendios. Finalmente, entre los siglos XV y XVI, se construyó el edificio en piedra, siendo la última remodelación en 1822.


Se encuentra en la Grote Markt y se puede visitar, pero no dejan subir a mucha gente de golpe y el tiempo de cola se puede prolongar bastante. Nosotros estuvimos como media hora esperando, pero es que tenía clarísimo que quería subir a cualquier precio. Ya sabéis, todo a raíz de la dichosa película Escondidos en Brujas. Bueno, el precio en el momento en que estuvimos nosotros (septiembre de 2012) era de 8 euros. Puede parecer excesivo, pero como decía, quería subir costase lo que costase. Además, cuando voy de viaje, mi filosofía es entrar/visitar/subir a todo lo que pueda. Quién sabe si volveré, así que contemplo cada viaje como una ocasión única en la vida, no me gusta escatimar porque para eso pasamos todo el año trabajando y ahorrando.


En su interior se exponen, porque para eso es el campanario, las antiguas campanas que se conservan, el carrillón, que actualmente tiene 47 campanas y, bueno, las vistas. El campanario mide 83 metros y para coronar la cima es necesario subir 366 escalones. Es bastante cansado, pero fue una experiencia que realicé feliz de la vida. En cada tramo hay carteles con los escalones que llevas y los que te quedan y a mí me alentaron en la subida. Decir que estando allí arriba, coincidió el toque de las campanas y el escándalo era ensordecedor, pero es todo un espectáculo, es como una caja de música gigante.





Bueno, después de oír de todo acerca de este monumento, yo quedé encantada con la experiencia. Ahí lo dejo. Y como todo lo que sube, baja, casi sin darnos cuenta ya estábamos de vuelta en la Grote Markt, siempre llena de actividad (turística sobre todo). La plaza es bonita, cosa de la que tienen mucha culpa sus edificios, es pintoresca y alegre, con muchas cafeterías y restaurantes ubicados en las antiguas casas gremiales, flores, coches de caballos que se pueden tomar allí para dar una vuelta turística a la ciudad, gente en bici. De hecho, MUCHA gente en bici. Los miércoles ponen un mercadillo, pero nosotros estuvimos jueves.








Normalmente huyo de los restaurantes turísticos, pero ese día comimos en uno en plena plaza. Estábamos cansados y hambrientos tras la subida al campanario y no teníamos ganas de patear, sino de ir un poco a lo fácil. Y señores, comimos bien y a muy buen precio, aunque el sitio era exterior y había avispas (por las flores), y me agobié un poco porque soy alérgica.

Justo después de comer, el sol desapareció entre pobladas nubes y la temperatura bajó drásticamente, pero continuamos nuestro camino por Brujas. Nuestra siguiente parada fue la plaza Burg, donde se encuentra el Ayuntamiento, que vimos por fuera. 


También en esta plaza, muy escondida en una esquina, se encuentra la pequeña Basílica de la Santa Sangre, que debe su nombre a la reliquia que posee: una botella de cristal de roca con un poco de la supuesta sangre de Cristo, recogida de su cuerpo por José de Arimatea tras la crucifixión y llevada a Brujas después de la Segunda Cruzada. Esta basílica cierra a mediodía y la sangre sólo se expone los viernes por la tarde y todos los días de la primera quincena de mayo, así que la vimos solamente por fuera. Sinceramente, soy muy escéptica con la procedencia de esa sangre, así que en ese sentido me dio un poco igual. Me supo peor el hecho de que por dentro parece bastante bonita arquitectónicamente y me lo tuve que perder. Pero bueno, por fuera es bastante cuca también. En realidad son dos capillas superpuestas. La más pequeña es la iglesia románica de San Basilio (1143), y la otra es la basílica propiamente dicha, de estilo gótico y construida entre los siglos XV y XVI.


Continuamos bajo el arco que hay a la izquierda del Ayuntamiento, que da paso al Callejón del Asno Ciego. No se sabe a ciencia cierta el origen de este nombre, pero la historia más probable de entre todas las leyendas que se cuentan es que tal vez, en ese callejón, antiguamente había un molino tirado por un burro al que tapaban los ojos para que no se distrajera de su trabajo.


Mediante este callejón se accede a la Plaza de los Mercaderes y la Plaza del Mercado de Pescado. Esta última continúa vendiendo pescado fresco todas las mañanas. También es una zona ideal para pasear entre los canales de Brujas y no faltan los restaurantes y las tiendas de recuerdos.




Y dejando algunas cosas en el tintero, era hora de deshacer el camino que habíamos realizado esa misma mañana y volver a la estación de tren, pues nos esperaba una tarde en Gante que resultó ser un poco ajetreada, cosa que en aquél momento desconocíamos. Pero eso, como siempre digo, formará parte de otro capítulo. Para acabar, os dejo con las últimas instantáneas que me llevé de Brujas, la ciudad que más me gustó de toda Bélgica.





8 comentarios:

  1. ¡Qué bonito, qué bonito, qué bonito!!!
    Besotes!!!

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    1. Mucho. De hecho creo que es la única ciudad de las que he visto en Bélgica a la que regresaría ahora mismo para explorar mejor y perderme por sus calles.
      Besos!

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  2. Sin duda, ya entiendo por qué "el balcón de Brujas" es una visita obligada, ¡qué fotos más bonitas! :)

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    1. Ya sabes, si vas a Brujas no te puedes perder el "balcón". Es hipnotizante :)

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  3. Woow... Hay una película con este nombre "Escondidos en Brujas" con las locaciones en Bruselas y ver tus fotos me deja impactada por lo hermosos lugares. Ya lo decidí, en estos días la buscaré en HBO GO Streaming para verla sin la necesidad de salir de casa, y espero algún día conocer Brujas. Saludos!

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    1. Sí, precisamente desde que vi esa película me entraron ganas de ir a Brujas, y ya ves, sueño cumplido. Espero que algún día tú también lo realices y que te gustase la película. Saludos!

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  4. Que ganas de volver a Brujas y a Bruselas en general. La vez que estuve por allí llegamos en coche y dedicamos tres días al país... que no son nada (como ya te dije en la otra entrada de Brujas). En Brujas estuvimos en total una mañana y ni tan siquiera subimos a la torre. Paseando todo el día que estuvimos (y como dices, ese punto que marcas sin duda es donde se consigue la mejor foto).

    Yo si que soy un friki de estas cosas de las reliquias... aunque no soy nada religioso... (incongruencia total, lo sé) pero cuando llegué allí no sabía ni que se guardaba en esa iglesia la supuesta sangre de Jesús... Pero me acuerdo perfectamente de la iglesia porque me resultó muy llamativa.

    Un saludo!

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    1. Yo estuve en Bélgica cinco días creo, que tampoco es mucho si lo piensas y sin embargo vimos muchas cosas. Brujas también lo vi en una mañana, pero fuimos muy temprano en tren desde Bruselas, en el primer tren de la mañana, con idea de pasar el día entero, pero poco después de comer nos dimos cuenta de que lo habíamos visto casi todo, así que cogimos el tren y bajamos en Gante, que nos pillaba a medio camino de vuelta a Bruselas. Lo vimos por la tarde y las iglesias estaban cerradas, pero el castillo y las calles sí que las disfrutamos a tope. Luego hay una espinita que sí me quedó en Brujas, que fueron los molinos, pero cuando subí a la torre me di cuenta de que están muy a las afueras y que tenía que sacrificar algo: o los molinos o Gante, así que tiramos para Gante.

      Lo de las reliquias religiosas es curioso de ver, pero en esta ocasión no me llevé ninguna decepción porque también sabía que la reliquia se muestra en días específicos. Yo de lo que soy fan es de ir a ver la iglesia de turno o la catedral de la ciudad a la que viajo, y esta de Brujas sí que me supo mal perdérmela en este sentido, porque es gótica (y el gótico es mi estilo arquitectónico favorito) y en fotos parece muy bonita. Y tampoco soy religiosa, pero sí historiadora del Arte en proceso y eso lo explica todo, jajaja.

      Un saludo!

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