domingo, 7 de abril de 2013

Castillo de Almansa

Hace unos días decidimos ir a la ciudad de Almansa para visitar su castillo. Habíamos pasado un millón de veces por allí y contemplado la fortaleza desde la carretera, pero nunca habíamos franqueado sus puertas, algo a lo que ya hemos puesto remedio. Almansa está en la provincia de Albacete, a 75 km de la ciudad homónima y a 95 de Alicante, que es desde donde íbamos nosotros. Almansa cuenta con muchos atractivos, tanto dentro de la ciudad como en las afueras, pero nos decantamos por visitar el castillo principalmente. 

HISTORIA

La construcción original corresponde a los almohades. Éstos edificaban utilizando la técnica del tapial, de los cuales se conservan algunos restos primitivos, sobre todo en las partes más cercanas a la roca y restaurados en 2008, siendo esta parte la más antigua. El castillo fue conquistado por Jaime I, pasando posteriormente al Reino de Castilla tras la firma del Tratado de Almizrra entre el rey aragonés y el castellano Alfonso XEn el siglo XIV pasó a manos del infante don Juan Manuel, quien mandó reconstruir algunos de sus elementos y murallas, diferenciándose la mampostería cristiana del siglo XVI del tapial árabe del siglo XIIMás tarde, el castillo volvió a cambiar de manos, pasando a Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, que fue quien le dio la morfología actual al monumento, con la construcción de la Torre del Homenaje, las torres semicirculares de las murallas y la barbacana defensiva. A partir del siglo XVI, el castillo entró en un largo proceso de abandono y deterioro por desuso, al perder su funcionalidad como baluarte defensivo de la ciudad. Tal fue el deterioro y devaluación del monumento que en 1919 el alcalde de Almansa denunció el estado ruinoso del castillo y solicitó permiso para su demolición, pero gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en contra de la petición del Ayuntamiento, el castillo de Almansa no sólo se salvó, sino que además, por Real Orden de febrero de 1921 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional.

ACCESO, TARIFAS Y HORARIOS

Se accede desde un caserón de color blanco que hay en la Calle del Castillo nº 18, donde también se realiza la venta de entradas (3 euros normal; 2,50 reducida a día de hoy). El horario es de 10 a 14 por las mañanas y por las tardes de 17 a 19 en otoño y primavera, de 18 a 20 en verano y de 16 a 18 en invierno.


LA VISITA

Tomándolo con calma puede durar más o menos una hora. En el mismo caserón donde se compran las entradas nos proporcionaron un mapa con el itinerario a seguir y los puntos de interés del monumento. De todas formas, es una visita que se realiza por libre, en principio sin guías, pero en la que no hay pérdida porque solo hay un camino para ver todas las instalaciones.

El primer tramo de subida es muy agradable gracias a la extensa vegetación de plantas y árboles autóctonos, que están acompañados por sus nombres para que al visitante no se le escape ni un detalle.


Lo primero que se puede ver tras esta subida son los muros de tapial primigenios, sobre los que está construida el resto de la estructura. Luego se accede al patio de armas, donde se encuentra una pequeña exposición de instrumentos de tortura medievales. Desde este punto se accede a las murallas, por las que se puede caminar aunque con precaución, porque el suelo de piedra está en un estado tirando a difícil e incómodo. El día que fuimos nosotros hacía mucho viento y había que tener el triple de cuidado para evitar una caída terrible. Incluso la chica que nos vendió las estradas nos advirtió que deberíamos ser prudentes con el viento y no acercarnos mucho a los bordes de las murallas, a los huecos existentes entre los merlones.





Desde este punto de las murallas hay unas vistan interesantes de la torre del homenaje:



Desde el patio de armas se puede acceder a la zona palaciega, donde hacían vida los habitantes del castillo, pero se encuentra totalmente derruida, quedando tan solo en pie algunos arcos de las bóvedas. 

Volviendo al patio de armas, se sube por una escalera imposible a la zona desde la que se accede a la torre del homenaje. Me llamaron especialmente la atención unas marcas en la pared del interior de la torre, unas firmas en la planta baja cerca de la bóveda: "Electricista Teodoro, 1920". Imagino que será de alguna instalación eléctrica que se hizo en la fecha.




Desde esta zona se puede subir a lo alto de la torre, que queda al aire libre, por una escalera de caracol estrechísima, con los peldaños mínimos y que carece prácticamente de barandilla. En definitiva, una escalera que no resulta apta para todos los públicos. Y ya desde lo alto de la torre las vistas no tienen fin, tanto de la llanura castellana como de Almansa, que se puede contemplar en su totalidad.


Llegados a este punto, la visita acaba y no queda más que emprender el descenso por el mismo lugar de subida. Se sale del castillo por la misma casa donde se compran las entradas. 

A continuación, ya fuera del castillo, bajamos por unas escalerillas que nos llevaron a la Plaza de Santa María, donde se ubican el Ayuntamiento, sito en el Palacio de los Condes de Cirat, y la Iglesia Arciprestal de la Asunción, que es la que se ve desde lo alto de la torre.


Palacio de los Condes de Cirat/Ayuntamiento

Palacio de los Condes de Cirat/Ayuntamiento. Interior

Ancianos de tertulia en la Plaza de Santa María

CONCLUSIONES

Esta zona de Almansa es muy bonita, o a mi me lo parece. Me encanta este casco antiguo, con el castillo en lo alto, el toque que le da el Palacio de los Condes de Cirat. Además, en Almansa se come muy bien. En esta ocasión volvimos a Alicante a comer porque acabamos la visita muy pronto, pero hace años estuve allí de pasada y recuerdo haberme puesto las botas con sus quesos manchegos. 

Por lo que respecta al castillo sí debo decir que lo esperaba de otra forma. El exterior está muy bien conservado, de hecho es el castillo que se encuentra en mejor estado de toda la provincia de Albacete. Pero el interior deja mucho que desear en algunos puntos, sin ánimo de ofender. La hierba del patio de armas le confiere aspecto de abandono, en la escalera de la torre del homenaje falta una barandilla, hay clavos oxidados difíciles de ver en algunos puntos de apoyo, el suelo de las murallas y otros tramos es muy peligroso y no queda ni rastro de estancia alguna. Hay muchas cosas en las que ha actuado el paso del tiempo y ya no se pueden remediar, pero también nos encontramos otras cuestiones que sí tienen arreglo. Después de esta visita me he quedado con algunos sentimientos encontrados.

Me despido con la siguiente fotografía, tomada ya desde la carretera que nos llevaría de vuelta a casa:


4 comentarios:

  1. La verdad es que desde la carretera el castillo se ve imponente.
    A mí me da mucho rollo que haya viento cuando visitas un castillo o muralla... me da la sensación de que te vas a caer.
    Anotado queda, como otros tantos que tengo pendientes.
    Un saludo ;)

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    Respuestas
    1. A mi también me da mal rollo lo del viento, pero cuando salimos de Alicante por la mañana aquí no había, y al llegar allí y bajar del coche... no te lo puedes ni imaginar. Hasta pensamos en no subir al castillo, pero mira, como habíamos hecho el viaje tampoco nos apetecía perder el día y subimos. Pero vaya tela...

      Un saludo y gracias por tu comentario :D

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  2. Yo estuve hace cinco años. Por motivos de trabajo tuve que viajar a Almansa y aprovechando que estaba allí subí a ver el castillo. Tengo pendiente volver a visitarlo con más calma.
    Me ha gustado el reportaje que has hecho. Me has recordado que Almansa es un pueblo que me pilla muy cerca y que vale la pena volver a visitar.

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    Respuestas
    1. Gracias, me alegro mucho de que te haya gustado el reportaje.

      Si Almansa te queda cerca es una buena opción ir a pasar el día o la mañana allí, que es lo que nos pasa a nosotros, que desde Alicante tardamos una hora justa, así que lo tenemos casi a tiro de piedra. Yo había estado hacía ya unos años, pero solo para comer por un evento en grupo y siempre me había quedado la espinita de volver a verlo todo tranquilamente. Además, he pasado mil veces por la carretera y el castillo siempre me ha llamado mucho la atención. No creo que haya cambiado mucho desde que tú estuviste hace cinco años. Ahora hay una exposición con instrumentos de tortura en el patio de armas que desconozco si es permanente, pero vamos, tampoco es nada del otro mundo.

      Saludos.

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