jueves, 19 de abril de 2012

En coche por Galicia 2011 - Capítulo 13: Excursión a Oporto (Portugal) 2ª Parte

Antes de comenzar con la crónica de Toledo me gustaría cerrar la excursión a Oporto, aunque luego compagine Toledo con Galicia, así que aquí está la segunda parte de la crónica de esta ciudad portuguesa. Una ciudad decadente en proceso de restauración (está llena de grúas). Oporto es una ciudad gris, vieja, que puede parecer muy triste, pero tiene su encanto. 




Poco a poco nuestros pasos nos fueron llevando hasta la catedral y el casco antiguo, Patrimonio de la Humanidad éste último. La Catedral de la Sé es el edificio religioso más emblemático de la ciudad, construido en el siglo XII. Ha sido remodelada muchas veces, por lo que cuenta con muchos estilos, pero a mi me pareció bastante austera en su conjunto. La visitamos también por dentro, pero de forma muy breve, ya que estaba empezando una boda y no queríamos molestar. La entrada es gratuita excepto para acceder al claustro, por lo que hay que abonar 3 euros. No entramos porque parece ser que por la boda estaba cerrado.


Desde la plaza de la catedral las vistas de Oporto también son buenas, sobre todo en lo que respecta al casco antiguo:





No se puede negar que este barrio es pintoresco. Incluso dependiendo de la calle tiene pinta de sucio y conflictivo, pero lo del Patrimonio de la Humanidad será por algo. La verdad es que Portugal tiene fama de ser un país con calles muy sucias y, no nos engañemos,en Oporto vimos muchas de esas. Pero yo me pregunto: ¿y en qué se diferencia de otras grandes ciudades del mundo? En todas partes hay callejuelas, caras B, calles sucias... Pero es que el humano tiende a quedarse con lo malo. Ya puedes hacer un viaje de p**a madre, comer de vicio y etc., pero si en algún momento hay algo que no te entra por el ojo, ya parece que todo está mal. No sé si me explico, pero la cuestión es que en Oporto había zonas normales y zonas más dejadas, como en cualquier sitio. A mi la verdad es que la ciudad me gustó, al menos lo poco que vimos de ella. Considero que tiene mucho encanto, pero sólo se trata de saber verlo.

En fin, aparte de las vistas del casco antiguo, desde la plaza de la catedral también se puede divisar la orilla del río Duero y lo que hay más allá: la ciudad de Vila Nova de Gaia con sus cientos de bodegas. Ay, ese vino famoso de Oporto, ¿qué tendrá? En esos momentos lamenté que no me guste el vino, quise sentirme partícipe de la euforia de este producto y de la fama que tiene el que procede de allí, pero se siente, no me gusta el vino (y a mi acompañante tampoco) y no hay vuelta atrás, así que nos limitamos a ver las bodegas desde fuera:


A continuación cruzamos el puente de Luis I, que da un poco de vértigo y hay que transitar con cuidado, porque el tranvía pasa por en medio sin avisar y no hay vallas ni nada que delimite el espacio de la vía con el peatonal. Pero bueno, merece la pena el trago a pesar del vértigo porque las vistas son únicas: el barrio de Ribeira en toda su gloria. Es la parte más baja del casco antiguo y, como su propio nombre indica, está en la ribera del río. En esa zona hay mucho restaurantes donde se puede comer estupendamente mientras se tienen unas agradables vistas del río, de la vecina Vila Nova de Gaia y del puente de Luis I.




Oporto se empezó a formar a orillas del río Duero, casi en su desembocadura. Pero estas orillas eran montañosas, por lo que la ciudad es una pendiente sin fin. Para bajar a la zona de Ribeira se puede hacer de varias formas (creo que tres): a pie desde cualquier punto del casco antiguo, en teleférico desde Vila Nova de Gaia (3 euros) o en ascensor desde la zona cercana a donde empieza el puente en la orilla de Oporto. Está un tanto escondido, pero es gratuito y a mi me parece la mejor opción, sobre todo si se va con poco tiempo, ya que bajar a pie por el casco antiguo puede resultar un tanto laberíntico.

Nosotros comimos genial. De hecho, en las tres ocasiones que he visitado el país vecino esta norma se ha repetido. Todo muy sano y muy bien. Puede que parezca un tópico, pero los portugueses preparan un bacalao exquisito, aunque en Oporto nos decantamos por unas ensaladitas porque teníamos mucho calor y nos apetecía algo fresco. ¡Mirad qué pintaza!


Poco más puedo decir de esta excursión porque después de comer emprendimos el camino de vuelta a Pontevedra (que nos recibió entre fuertes lluvias). Me gustó Oporto y me fui de allí bastante satisfecha porque pudimos ver muchas cosas, pero también nos quedaron otras tantas por descubrir. Siempre que he estado en Portugal me he quedado con muchas ganas de más y quizá si vuelvo a ese país apostaría por visitar Lisboa, aunque no descarto otro contacto con Oporto para terminar de verlo mejor.

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