lunes, 12 de marzo de 2012

En coche por Galicia - Capítulo 11: Pontevedra

DÍA 5 - VIERNES 23 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Aquella mañana tuvimos que decir adiós a Santiago de Compostela después de haber pernoctado allí durante tres noches. Abandonamos el hotel y la ciudad para dirigirnos a Pontevedra, una ciudad que personalmente me parece preciosa y siempre que he estado allí he descubierto algo nuevo. El trayecto desde Santiago hasta Pontevedra es muy corto, no llega a una hora si se va por la AP-9. Además de haber visto unos callejeros para confirmar la ruta, Pontevedra es una ciudad cuyos accesos tengo bastante grabados, así que no fue difícil llegar ni encontrar el hotel. Para mejorar la cosa, al lado de éste había un parking público y gratuito al aire libre, donde pudimos aparcar sin inconveniente los tres días que pasamos alojados y moviéndonos por la zona.

Antes que nada os voy a hablar sobre el hotel. Nos alojamos en el Galicia Palace, ubicado en la Avenida de Vigo, a tres minutos a pie del casco antiguo de la ciudad. Es un cuatro estrellas que nos salió barato, demasiado barato para su categoría y ubicación: 61€ la noche (sin incluir desayuno, para el cual nos abastecimos en un supermercado Froiz que había en la esquina). En cuanto a trato del personal y situación del hotel no podrían haber sido mejores. La habitación fue muy cálida y estaba bien insonorizada y limpia, pero las camas... ¡por todos los dioses del Olimpo! ¡Son las más duras e incómodas que he encontrado en la vida hasta la fecha! Todos los días nos levantábamos con dolor de espalda. Para más info, aquí está su ficha en Booking. De todas formas, es lo más barato que pudimos encontrar cerca del centro. Es sorprendente, pero había hoteles más alejados del centro y con menos estrellas que costaban mucho más. No sé donde está el misterio, no lo sé...


Ubicados ya en el hotel, salimos a quemar la ciudad (en el mejor sentido de la palabra). Nuestra primera parada fue la mítica Plaza de la Leña, el auténtico corazón del casco antiguo de Pontevedra. Simplemente maravillosa por su ambiente, sus taperías y restaurantes, su historia... Debe su nombre a que antiguamente allí se vendía leña, algo fácil de deducir. Aparte de los citados rincones de pitanza, en su centro se encuentra un cruceiro del siglo XV (imprescindible hacerse una foto con él). Además, podemos acceder desde allí al edificio donde se encuentra el Museo Provincial, del que hablaré un poco más abajo.


A continuación pasamos por la Calle de Figueroa para desembocar en otra plaza, la de la Herrería, llena también de bares y taperías y con el imponente Convento de San Francisco, rodeado por los Jardines de Casto Sampedro, y la Iglesia de la Peregrina. A continuación unas fotos de la plaza; como veis el día estaba nublado, incluso llovió un poco para mi alegría.





El Convento de San Francisco se trata en realidad de una iglesia construida en el siglo XIV que, según la leyenda, fue fundada por San Francisco de Asís durante su peregrinaje a Santiago de Compostela, aunque no hay documentos que avalen este hecho. Es digna de visitar por dentro; a mi me gustó en especial la cubierta, de madera. Pero estaban oficiando un servicio religioso y nos fuimos sin hacer fotos ni explorarla. No nos gusta molestar en estas situaciones.


Por lo que corresponde a la Iglesia de la Peregrina, se empezó a construir en 1778. Su particularidad es que la planta tiene forma de vieira, por lo que resulta bastante curiosa y todo un emblema de la ciudad. La foto que pongo es de cuando volvimos a pasar por allí una noche para ir a cenar, por eso está iluminada. Me he dado cuenta de que no tengo una foto decente  a la luz del día de esta iglesia.


Bien, después de esto nos fuimos a comer a uno de los numerosos locales de la propia plaza de la Herrería. El sitio se llamaba, si mal no recuerdo, Bar Estrella y estaba bastante escondido, regentado por dos hermanas cuya cocina era toda gallega y casera. Nos hicieron en nuestras narices una excelente empanada de pulpo, que nunca habíamos probado, una tortilla de patata y algo más hubo, pero no recuerdo qué. La sorpresa llegó con la cuenta porque todo fue muy, pero que muy barato. Recomiendo sin duda este lugar. Calidad y precios excelentes.

Después de comer tocaba hacer una paradita en el hotel para reponer fuerzas. Más tarde nos dirigimos hacia el Museo Provincial, uno de los imperdibles de Pontevedra. Está lleno de obras de artistas gallegos o no (joyas en azabache, tallas de madera, pinturas, cerámica...) de todos los tiempos y algo espectacular que nunca dejará de fascinarme: las salas navales. En particular me encanta la recreación en el sótano de una de las estancias de la fragata Numancia. En mi vida he visto algo como esa sala, en la que el suelo está dispuesto de tal manera que da la sensación de que realmente se está en un barco. Impresionante.


MUSEO PROVINCIAL DE PONTEVEDRA - HORARIOS Y PRECIOS

De martes a sábados: de 10 a 21 horas
Domingos y festivos: de 11 a 14 horas
Lunes: cerrado

Precio: gratuito

Página web: http://www.museo.depo.es/coleccion/ga.03000000.html
Fotos: no se puede, ni siquiera sin flash

He visitado este museo en las tres ocasiones en que he estado en Pontevedra y, probablemente, si regresara, volvería a entrar. A Toni, que no había estado nunca, también le gustó mucho y la estancia del Numancia no le dejó indiferente. Repito: es visita obligada.

Seguimos nuestras andanzas por la ciudad y nos acercamos a visitar las Ruinas del Convento de Santo Domingo. El edificio fue construido en el año 1281 y pertenecía a la orden dominica. Es de estilo gótico, pero sólo se conserva la cabecera de la iglesia. El cuerpo de ésta y el convento, que alojaba el claustro y las dependencias conventuales, fueron destruidos en el siglo XIX.





RUINAS DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO - HORARIOS Y PRECIOS

La entrada es gratuita
Se permite hacer fotografías
Dirección: Calle Marqués de Riestra s/n
Los horarios varían mucho según la época, por ello mejor consulta aquí, en la web oficial

Y entonces nos sentamos a descansar en un banquito de la Alameda porque el lugar nos pareció agradable, todo lleno de jardines. En realidad la Alameda es la avenida más señorial de Pontevedra y acoge los edificios de la Xunta, la Diputación, el Gobierno Civil y el Ayuntamiento. Los jardines que comentaba se llaman de Vicenti, aunque los pontevedreses lo conocen como "Las Palmeras". Creo que el edificio que sale en la siguiente foto es el de la Diputación, pero no estoy del todo segura:


Después de estar un rato allí sentados fuimos a la Plaza de la Herrería a tomarnos unas coca-colas en uno de sus muchos locales, observando la vida de la ciudad, que la tiene y mucha. No importa que llueva, que haga viento, que haga frío... las calles del casco antiguo de Pontevedra siempre están llenas de gente. Me encanta.

Con la tontería de las coca-colas y un paseíto por la callejuelas de la ciudad, se hizo de noche y nos empezaba a entrar hambre. Encontramos un lugar al que fuimos a cenar las tres noches que pasamos allí (repitiendo operación igual que en Santiago). Se llama El Aleph y es muy cercano a la Plaza de la Leña, en la calle Figueroa nº 14. Tienen gran variedad de pinchos, cervezas y vinos, todo al sorprendente precio de 1,50 €. Cada día innovan y sacan cosas nuevas, todas exquisitas y a un precio inmejorable. Imprescindible si vas en plan low cost y quieres comer bien. Os dejo el enlace a su página de Facebook. Los dueños son argentinos y muy amables. Esta es sin duda la prueba de que estando de viaje se puede comer bien por muy poco, al menos a nosotros que somos muy de pincho y tapeo el sitio nos encantó.


Después de cenar nos retiramos al hotel para preparar la ruta del día siguiente y descansar para cogerla con fuerzas: excursión a la ciudad portuguesa de Oporto. En el próximo post contaré como surgió la idea y demás. Por lo que respecta a Pontevedra poco más puedo decir, ya que los otros dos días que estuvimos allí nos dedicamos a visitar alrededores y allí sólo íbamos a dormir, excepto el domingo, que comimos allí y pasamos la tarde vagueando, así que por lo pronto doy por concluido el capítulo de esta maravillosa ciudad gallega que nunca dejará de sorprenderme y que me tiene enamorada de su vida y de su gente. Por favor, si pasáis por Galicia no os la perdáis, que aunque pueda parecer una ciudad gris tiene muchos tesoros ocultos.

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