martes, 10 de enero de 2012

En coche por Galicia 2011 - Capítulo 4: Santiago de Compostela (II)

En el capítulo anterior...

Tras visitar la catedral de Santiago de Compostela por dentro, decidimos ir a un mirador que nos recomendó el recepcionista del hotel, desde donde se tienen unas bonitas vistas del casco antiguo y la catedral. Podéis ver la ubicación en el mapa de Google que puse en el capítulo anterior. Estamos hablando de un parque que está a un paseíto del centro histórico, pero al que merece la pena ir. El mirador del que hablo está en el Paseo dos Leons y desde él se puede acceder a visiones como estas:




Llegados a este punto, el calor y el cansancio por todo lo que llevábamos a cuestas aquel día, empezaban a predominar y hacían mella en nosotros, así pues, el siguiente paso fue el hotel. Duchita reponedora, un descanso y a continuar. La tarde se iba convirtiendo poco a poco en noche y el calor dejaba paso a una leve brisa más bien fresca. Increíbles los cambios de temperatura. Hicimos más o menos el mismo recorrido que a  mediodía, pero un tanto más relajados, recreándonos en las antiguas calles de Santiago, en las inmediaciones de la catedral. Ese agradable paseo nos dejó imágenes como las que siguen:



La típica joyería en azabache de Galicia
Escaparate con deliciosas tartas de Santiago caseras
También estuvimos un ratito en la Plaza del Obradoiro mientras se ponía el sol, porque la luz de ese momento del día es preciosa para contemplar la catedral:


Casi sin darnos cuenta llegó la hora de cenar. Alrededor de la catedral hay varias calles llenas de taperías y restaurantes con lo típico del lugar:




Nosotros nos decantamos por A taberna do bispo, situado en el número 37 de la Rúa do Franco. Allí se mezcla lo más típico de la gastronomía gallega con las nuevas tendencias culinarias. Podemos encontrar la clásica tapa de ensaladilla rusa, patatas bravas, pulpo feira, champiñón ajillo... pero también pinchos muy innovadores que mezclan nuevas y antiguas tendencias. Es un buen sitio y los precios son muy bajos (hablamos de 1,50 € cada pincho o 3 € las tapas). No en vano era el local que más lleno de gente estaba en todo momento. Además, el trato es excelente y la comida excelsa. Lo recomiendo sin duda alguna y, de hecho, debido a todos estos factores, las tres noches que pasamos en Santiago de Compostela fuimos a cenar directamente allí.



Después de la saciante y económica cena, había anochecido ya por completo, por lo que volvimos a la Plaza del Obradoiro, ya que ninguno de los dos habíamos visto antes la catedral de noche. Sigue siendo espectacular, pero con la luz del atardecer me encantó, me gustó más. 


Serían más o menos las diez y media de la noche y la Plaza del Obradoiro estaba desierta casi por completo. No quedaba nada ya de la actividad turística del día y el silencio se rompía sólo con un pequeño grupo de tunos que estaban tocando bajo los arcos del edificio de la Junta de Galicia. El sonido nos llegaba muy amortiguado, pero fuimos a curiosear. Enseguida empezó a arremolinarse gente alrededor del reducido grupo de músicos (no sé de dónde salieron porque momentos antes no había un alma por allí). La verdad es que en esta casa no somos muy amantes de las tunas que digamos, de hecho yo les tengo como manía porque no me gustan ni sus vestimentas ni ese tipo de música, pero ambientillo daban a la Plaza (y los ingleses flipaban).


Nos fuimos enseguida, la verdad. No soy capaz de soportar a las tunas más de media canción y el fresco empezaba a ser importante, así que decidimos retirarnos por ese día. Lo pasamos bien y Santiago de Compostela siempre será muy especial, pero aún quedaba mucho viaje por delante y era el momento de descansar porque al día siguiente nos esperaba A Coruña.

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