miércoles, 24 de agosto de 2011

Roma 2011 - Capítulo 11: El Coliseo

DÍA 4 - LUNES 9 DE MAYO DE 2011: EL COLISEO

Y después de dos mil años de historia, ¿qué puedo decir yo, simple mortal, acerca del Coliseo de Roma? Bueno, empezaré por el principio de aquella jornada, la cuarta de nuestro viaje. Al salir del hotel bien temprano, nos movimos por nuestro sistema ya tradicional: cogiendo el minibús del hotel que nos dejaba en la Piazza del Popolo y, a partir de ahí, continuando a pie. Anduvimos por la ya más que conocida para nosotros Via del Corso hasta llegar a la Piazza Venezia, que dejamos un poco a nuestra derecha. Seguimos por la Via dei Fori Imperiali, manteniendo el Foro Romano también a la derecha. Ya se empezaba a vislumbrar el Coliseo al fondo y su impresionante figura.

Ver Ruta hacia el Coliseo en un mapa 

El Coliseo abre todos los días del año (excepto Navidad y Año Nuevo) desde las 9 de la mañana hasta una hora antes de la puesta del sol (horarios). Nosotros decidimos ir bien temprano y estar para cuando abrieran. Normalmente las colas para entrar al Coliseo son tan monumentales como su propio nombre indica y eso, amigos míos, era algo que queríamos evitar. Personalmente, odio hacer colas y he oído anécdotas de gente que ha tardado hasta cuatro horas en entrar a este monumento. Me parece aterrador. Bueno, pues nosotros tuvimos suerte: cinco minutos de cola. Todavía sigo sin creérmelo. Llegamos prácticamente los primeros y justo detrás de nosotros empezaron a llegar autobuses de excursiones, tanto del colegio como de agencias. La tarifa para entrar es más que razonable: son 12 € y en ese precio se incluye la visita al Coliseo, al Foro Romano y al Palatino. Dependiendo de la situación, existen otras tarifas que se pueden consultar también aquí.

Plano del Coliseo
Pero si por fuera el Coliseo impresiona, por dentro todavía más, pese a su deficiente estado de conservación. Y es que en su interior, este monumento se encuentra prácticamente en ruinas, algo comprensible por otro lado si pensamos en todo lo que ha vivido y la cantidad de años que lleva erguido. Se construyó en el siglo I donde entonces se encontraba el pleno centro de Roma. Eran tiempos prósperos para el vasto Imperio Romano y todo se hacía a lo grande. Como muestra, algunos datos: en sus días de gloria el aforo era de 50.000 espectadores distribuidos en ochenta filas de gradas. La estructura es un óvalo de 189 metros de largo por 156 de ancho y 57 de alto. Como ya sabemos, este anfiteatro se utilizaba para peleas de gladiadores, pero tenía otros usos. Se ofrecían también espectáculos de caza de animales importados desde África (hipopótamos, elefantes, jirafas, leones...), batallas navales (para lo que había que inundar el recinto), recreaciones de paisajes naturales  e incluso ejecuciones públicas. Pero fuera como fuera, está claro que es un lugar que ha visto derramar sangre desde su primer día.


El Coliseo dejó de utilizarse casi quinientos años después de su construcción, al poco tiempo de la caída del Imperio Romano. A finales del siglo VI se construyó una pequeña iglesia dentro del anfiteatro, mientras que la arena se convirtió en un cementerio y las arcadas bajo los asientos sirvieron de refugios y fábricas que se mantuvieron en activo hasta el siglo XII. A partir de esa fecha, el Coliseo pasó a ser propiedad de la Iglesia, pero ésta carecía de recursos para mantenerlo y lo abandonó. Ello y los numerosos y severos terremotos acaecidos a lo largo de los siglos, hicieron que uno de los edificios más deslumbrantes de la Roma Clásica quedara prácticamente abandonado y olvidado a las afueras de la ciudad medieval. En el año 1200, la familia Fangipani se apropió del Coliseo y lo utilizó como fortaleza hasta 1312, cuando volvió a ser propiedad de la Iglesia. En 1349, un gran terremoto asoló la ciudad de Roma y el lado sur del Coliseo se derrumbó. Las piedras caídas fueron reutilizadas para construir otros edificios como palacios, iglesias y hospitales, tanto en Roma como en el Vaticano. La piedra del interior se picó y los mármoles y mamposterías fueron arrancadas, dejando grandes cicatrices en la estructura, visibles aún hoy en día.


El robo de materiales del Coliseo continuó hasta 1749, cuando Benedicto XIV consagró el edificio como lugar santo en memoria de los mártires ejecutados allí. En el siglo XIX comenzó una serie de obras para rehabilitarlo y en 1820 se realizaron unos contrafuertes que aún hoy son visibles, como muestro en la siguiente fotografía, tomada desde el exterior. Sin ellos, el Coliseo se habría derrumbado hace mucho tiempo.


Hoy en día continúan las labores de mejora del edificio (que fue nombrado Patrimonio de la Humanidad en 1980), pero el aspecto interno es desolador, ni la sombra de lo que suponemos que fue. Cuando subí a lo más alto dentro de lo permitido y pude observar su magnitud, con toda esa historia bajo mis pies, no podía dejar de preguntarme cómo era realmente el Coliseo y lo mucho que me hubiera gustado verlo recién construido.


El Coliseo de Roma es uno de los lugares más especiales que he podido visitar en mi vida. Desde muy pequeña me ha causado mucha curiosidad y siempre he soñado con verlo y poder estar allí. Bien, pues desde el 9 de mayo de 2011 puedo decir que he cumplido uno de mis sueños. Es toda una experiencia por la que vale la pena visitar Roma, sin duda. Fue un momento emocionante y único que permanecerá en mi recuerdo para siempre.




martes, 16 de agosto de 2011

Roma 2011 - Capítulo 10: Largo Argentina o Cat Sanctuary y final del tercer día

El último capítulo acabó dejando atrás el Aventino y de ahí continúo. Aquella calurosa tarde de mayo decidimos dar un paseo tranquilo hasta llegar a la zona donde se encuentra el Panteón para, posteriormente, cenar por allí y ver un poco el ambiente nocturno de esa parte de Roma. Elegimos un sencillo camino mirando el callejero y sin querer y por total casualidad nos dimos de bruces con las ruinas del Largo Argentina o, lo que es lo mismo: el Cat Sanctuary. Roma es una de las ciudades del mundo donde más gatos son abandonados. Muchos romanos se niegan a esterilizar a sus mascotas y, si crían, abandonan a todos los cachorros (o incluso a sus gatas antes de que den a luz). Antiguamente había unas mujeres llamadas Gattari (señoras de los gatos) que se ocupaban de los felinos abandonados, pero era tal el volumen de gatos callejeros que no podían con todo. Entonces, en la década de los 90, un grupo internacional de voluntarios instaló su organización en las ruinas de Largo Argentina (descubiertas en 1929). Allí se encargan de cuidar a gatos enfermos y/o abandonados; los esterilizan, alimentan, vacunan y les dan cobijo. Las cifras son escalofriantes: cada año les llegan unos mil gatos abandonados.

Como decía, nos dimos de bruces con ese sitio sin saber que existía. Al principio pensamos que era una ruina con algunos gatitos, pero cuando miramos mejor nos dimos cuenta de que había muchísimos gatos camuflados por allí y que en la parte más honda de las ruinas, bajando por una escalera de hierro de dudosa seguridad, se encontraban los departamentos donde vacunan a los gatos y también una pequeña tienda. Cat Sanctuary sobrevive gracias a las ventas de los artículos y las donaciones de algunas personas. Estuvimos hablando con una chica de la organización (por fin pude poner a prueba mi italiano con éxito), que nos contó cómo funciona todo aquello y nos enseñó los departamentos y cómo trabajan. Allí había gatos también por todas partes, son bastante libres de ir y venir, pero mientras estén allí se mantienen alimentados y cuidados, así que no se suelen marchar (porque los gatos no son tontos). Yo me compré una camiseta y una postal. Todos los artículos tienen estampados o motivos gatunos, son muy cucos y están bien de precio. Si alguien quiere ayudar a la organización puede visitar la página web y echar un vistazo a las cosas que venden e informarse de sus labores. Yo soy una apasionada de los gatos, así que esta iniciativa me pareció muy acertada.

Los gatos que hay por allí están acostumbrados a tratar con la gente, así que son muy dóciles y tranquilos. Les hice algunas fotos:






Después de dejar atrás el Cat Sanctuary fuimos hacia la zona del Panteón, como teníamos previsto. Nos sentamos un rato en la fuente que hay enfrente, viendo a artistas ambulantes tocar su música. Había un señor que tocaba la guitarra eléctrica más que bien. Luego llegó un grupo que llevaba guitarras, cellos y demás y le dijeron que se fuera, pero el hombre no quería y empezaron a pelearse. Finalmente el guitarrista solitario se marchó y nosotros también.




Tras ese espectáculo nos metimos entre pecho y espalda un risotto y volvimos al hotel. Y hasta aquí llegamos hoy. En el próximo capítulo mostraré una visita muy especial en nuestro viaje: el Coliseo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Roma 2011 - Capítulo 9: La Bocca della Verità, El Circo Massimo y el Aventino

Dejando atrás el Trastévere nos dirijimos a la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, donde en una de sus paredes exteriores se encuentra la Bocca della Verità. Esta escultura data del siglo I y se desconoce su utilidad. No se sabe si era parte de una fuente, de una cloaca o un elemento meramente decorativo. Los ojos y la boca de la escultura están huecos y dice la leyenda que si la persona que mete la mano ha sido infiel o es un mentiroso, la boca se la arranca. Esta leyenda ha sido siempre muy popular en Roma y durante la Edad Media los monjes de esta iglesia metían escorpiones en la boca para que la gente no los molestara. Hoy en día no hay peligro ninguno, excepto la larga cola para poder hacerse la foto (una por persona).


Después de ver la Bocca entramos a la iglesia, del siglo VI. En sus catacumbas reposan algunos restos y reliquias que el papa Adriano I tomó de otras catacumbas de Roma.


Al salir de la iglesia fuimos al Circo Massimo. En su época de esplendor era el circo más grande de Roma, con 600 metros de longitud y 225 de anchura. Situado entre las colinas Palatina y Aventina, tenía espacio para más de 300.000 espectadores. En él se celebraban juegos públicos, tales como carreras de cuádrigas, por ejemplo. Hoy en día no queda más que imaginar esa antigua gloria, pues el Circo Massimo se encuentra en ruinas. Se conserva su forma alargada y unas vistas bastante buenas de una parte del Palatino, pero por lo demás, es un simple lugar donde los jóvenes van a echarse en la hierba y los niños juegan al fútbol.



Ese día aún podía dar más de sí y, ya que el Monte Aventino quedaba cerca, decidimos subir. Es una de las colinas de Roma así que no nos engañemos: la subida es costosa. Pero sin duda merece la pena subir porque allí se respira una tranquilidad que es difícil encontrar en otros puntos de la ciudad. Es uno de los barrios más elegantes, lujosos y en contacto con la naturaleza de Roma. Se nota de verdad que el aire es diferente, huele a verde y las vistas desde arriba son dignas de disfrutar.


Nosotros nos quedamos un buen rato a la sombra de los árboles en la Plaza de los Cavalieri de Malta, un parquecillo rodeado por altos muros donde están los miradores para ver Roma desde arriba. Es un lugar muy agradable y está lleno de naranjos. En su interior hay una iglesia donde los domingos por la mañana se pueden escuchar cantos gregorianos.



Era domingo y estábamos en mayo, así que nos encontramos a una niñita de Comunión haciéndose fotos y de paseo por allí. Buen sitio.


Y nada más por hoy. Después de descansar un poco bajamos del Aventino, pero eso lo voy a dejar para otro post. 
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