miércoles, 27 de julio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 8: Teatro de Marcello, Isla Tiberina y el Trastévere

Se acercaba la hora de comer y decidimos ir a hacerlo al Trastévere, el "más allá del río". De camino pasamos por el Teatro de Marcello. Es uno de los edificios más curiosos de toda Roma. Julio César ideó construir este teatro pero, no fue hasta la época de Augusto, hacia el 13 a.C., cuando se levantó. En el siglo XVI, cuando sólo quedaban unas pocas ruinas, el arquitecto Baldassarre Peruzzi, lo rehabilitó e incorporó a la altura del último piso un palacio renacentista. Hoy en día el monumento alberga apartamentos de lujo. Es un edificio curioso y hay quien lo tacha de aberración, pero ahí está. Yo no quiero ni pensar cuánto debe costar un piso allí.


Seguimos nuestro camino dirigiéndonos al Ponte Fabricio, construido en el 62 a.C., que desemboca en la Isla Tiberina. En esa isla, la habitada más pequeña del mundo, se encuentra el hospital de los Fatebenefratelli. Durante la epidemia de peste de 1656 fue allí donde se concentró a todos los contagiados para evitar la propagación de la pandemia. En la Isla Tiberina no hay más que ver, pero es bastante curiosa y me gustó pasar por allí. Además, es el mejor atajo para llegar al Trastévere.


Y tras cruzar la Isla Tiberina, algo que se hace en un par de minutos como mucho, llegamos al Trastévere, una de las zonas más pintorescas de Roma. Durante la época del Imperio, el Trastévere estaba habitado por marineros de Rávena y judíos del Levante. Hoy en día continúan viviendo allí muchos extranjeros y, de hecho, algún que otro restaurante español vimos:


Al final nos decantamos por un restaurante italiano, que para eso estábamos allí, y pude probar unos riquísimos spaghetti carbonara al dente. El sitio donde comimos resultó muy agradable: en una terracita con toldos, a la sombra y con la brisa justa. Era un local muy pequeñito, muy antiguo, rodeado de casas de piedra con sus ventanas adornadas con flores. Nuestro paseo por el Trastévere fue como adentrarnos en la Italia más rural. Es un barrio que me enamoró con sus callejuelas, sus casas antiguas, sus suelos adoquinados...







Paseando fuimos a parar a la Basílica de Santa Cecilia, construida según la leyenda, sobre los restos de la casa de la santa. Probablemente la primera iglesia fue construida en el siglo V, pero quedó en ruinas. En el año 822 fue redescubierta y el papa Pascual I hizo trasladar allí los restos de Santa Cecilia, que hasta la fecha reposaban en las Catacumbas de Roma. Durante el siglo XVIII, este templo sufrió numerosas restauraciones hasta ir adquiriendo poco a poco el aspecto que luce hoy en día. Por lo visto es preciosa por dentro, pero nosotros nos tuvimos que conformar con ver el exterior, ya que estaba cerrada en ese momento y faltaban varias horas para que se volviera a abrir al público tras el servicio religioso dominical.



Y bajo un sol de justicia decidimos volver sobre nuestros pasos para continuar conociendo otros lugares de Roma. Al cruzar el río de vuelta me di cuenta de que estaba plagado de candados del amor, algo que puso hace tiempo de moda Federico Moccia en uno de sus libros.


Continuará...

lunes, 18 de julio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 7: Piazza del Campidoglio y Museos Capitolinos

Aquella mañana de domingo continuamos nuestras andanzas por la parte trasera del Monumento a Víctor Manuel II y fuimos a parar a la Piazza del Campidoglio, Plaza del Capitolio para entendernos. Pero antes de eso, desde uno de los extremos del monumento, pudimos contemplar unas vistas de la Roma clásica. Se adivinaba un poco del Foro Romano, el Coliseo y el Mercado de Trajano:




También nos encontramos con algunos rincones con encanto:



Y, ahora ya si, llegamos a la Plaza del Capitolio, que fue diseñana por Miguel Ángel por encargo del papa Pablo III en el siglo XVI. En el plano trapezoidal de la plaza, Miguel Ángel incorporó unos diseños en el enlosado que forman una perspectiva sorprendente y dan sensación de amplitud. En el centro se colocó una estatua de Marco Aurelio, aunque Miguel Ángel no estaba muy de acuerdo con ello, y también construyó las majestuosas escaleras que suben a la plaza, ubicada en la colina del Capitolio. Sin embargo, Miguel Ángel falleció antes de acabar el proyecto del todo y sus sucesores acabaron su trabajo añadiendo muchas remodelaciones que en su día fueron bastante discutibles. Sin duda, lo que más impacta de este lugar son las colosales estatuas que lo decoran:




En la propia plaza se encuentra la entrada a los Museos Capitolinos, instalados en el Palacio de los Conservadores y el Palacio del Senador. El horario es de nueve de la mañana a ocho de la tarde, cierran los lunes y la entrada cuesta unos 20€. Cuentan en su interior con numerosas obras de arte donadas por diversos papas. Así podemos encontrar pinturas de, por ejemplo, Caravaggio o Rubens. También hay mucha escultura, campo en el que destaca la de la Loba Capitolina, que representa la leyenda de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma que fueron criados por una loba cuando eran niños. La loba está tallada en bronce y se cree que fue creada por los etruscos. Las esculturas de los bebés fueron añadidas en el Renacimiento por Antonio del Pollaiolo.


Otra de las esculturas que me gustó es la de un inmenso pie de mármol que perteneció a una estatua de unos doce metros de altura. Sólo se conserva ese pedazo:


 En una de las salas interiores de los museos está la estutua original de Marco Aurelio (la que hay en la plaza es una réplica). Cuenta la leyenda que el día en que esta estatua recupere su color de bronce original, algo que ha empezado a suceder en la cabeza del caballo, se acabará el mundo. Leyendas. Mide tres metros de altura y data del siglo II. El caballo y el jinee fueron fundidos en bronce en piezas separadas que más tarde se unieron. El caballo se convirtió en referencia para posteriores esculturas, pues tan solo se apoya en tres de sus patas y lanza la otra hacia delante, toda una revolución y un avance en este tipo de arte, que empezaba a jugar con las proporciones y el volumen. Una curiosidad: en el reverso de las monedas de 0,50 € italianas hay una imagen de esta estatua.


Luego tenemos la terraza del museo, donde hay una cafetería y unas vistas bastante interesantes de la ciudad. Pero para mi resultó más imprescindible el sótano, donde hay instalados unos miradores desde donde se pueden contamplar unas inmejorables vistas panorámicas del Foro Romano y el Coliseo:





Y así acabó nuestra visita a los Museos Capitolinos. En el siguiente capítulo daremos un paseo más allá del río.

martes, 12 de julio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 6: Monumento a Víctor Manuel II

DIA 3 - DOMINGO 8 DE MAYO DE 2011

Nuesto tercer día en Roma solicitamos el servicio de minibús gratuito que nuestro hotel ofrecía a sus huéspedes. En tan sólo diez minutos nos dejó bien temprano en la Piazza del Popolo y, desde allí, fuimos caminando por la Via del Corso hasta el final: la Piazza Venezia, donde se encuentra, entre otras cosas, el Monumento a Víctor Manuel II, conocido también como la "máquina de escribir" debido a su fachada en forma de arco.

Nada más llegar a la Piazza Venezia nos dimos de bruces con un desfile de Ferraris. Era domingo por la mañana y desconozco si eso será algo habitual todas las semanas o era una convención puntual, pero el caso es que allí estaban. Todos rojos, todos impolutos. No era la primera vez que veíamos Ferraris, pero contamos unos cincuenta y nunca habíamos coincidido con tantos juntos. El rugido de sus motores es inconfundible y así arrancaron y se fueron a dar vueltas por Roma, dejándonos a solas prácticamente en la Piazza Venezia y su opulento monumento.


¿Por qué construir un edificio de tal magnitud en honor a Víctor Manuel II de Italia? ¿Quién fue?  Vivió desde 1820 hasta 1878 y fue el último rey del Reino de Cerdeña y primer rey de Italia. Bajo su mandato se llevó a cabo la Unificación Italiana, unión de los diversos estados en los que estaba dividida la Península Itálica. Este monumento en su honor fue diseñado por Giuseppe Sacconi en 1895, inaugurado en 1911 y completado en 1925.


El Monumento a Víctor Manuel II está construido en mármol blanco en su totalidad, que se luce a la perfección en sus enormes escaleras y sus columnas corintias. El monumento mide 81 metros de altura y 135 de ancho y en su base se sitúa el Museo de la Unificación Italiana, que es gratuito. Nosotros lo vimos un poco de pasada porque lo que más hay son trajes militares y armas. También se pueden ver maquetas y planos de batallas, que es lo que me resultó más interesante del museo.


El monumento está custodiado por militares armados con fusiles y silbatos. Si, silbatos. No dejan que ningún civil se apoye en las barandillas, ni se siente en las escaleras, ni toque nada tanto por dentro como por fuera. Mi intención no era ir toqueteando, pero cuando vi que otros visitantes lo hacían y les llamaban la atención con el silbato, me sentí un tanto cohibida e incómoda. Me dio miedo hasta subir las escaleras, jeje.

Vistas de la Piazza Venezia desde el Monumento a Víctor Manuel II
Pero bueno, sea como fuere me pareció un edificio mucho más descomunal de lo que imaginaba. De hecho me pareció hasta exageradamente grande. No en vano, desde su construcción ha sido objeto de críticas, sobretodo porque supuso la parcial destrucción de un área de la Colina Capitolina, donde se asentaba un barrio medieval. Lo cierto es que me dio la impresión de que rompe el paisaje. Pero ahí está y es uno de los monumentos más visitados de Roma. En su parte trasera hay un ascensor (de pago y nada barato) al que se puede subir para disfrutar de unas vistas panorámicas de la ciudad. Nosotros no subimos porque ya digo que no era nada barato y hay otros sitios gratuitos o más económicos para ver Roma desde las alturas. No recuerdo exactamente el precio, pero bien rondaba los 20 € por persona.

Más vistas desde el monumento
Y eso es todo por hoy. Después de visitar este monumento nos dirigimos a su parte trasera, desde donde se accede por ejemplo a los Museos Capitolinos, algo que dejo para el próximo capítulo y que es visita obligada en Roma.

lunes, 4 de julio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 5: Castel Sant'Angelo y fin del segundo día

Lo siguiente que hicimos ese segundo día en Roma fue visitar el Castel Sant'Angelo. Llegamos allí dando un agradable paseo por la orilla del río Tíber. Este castillo se construyó como mausoleo para Adriano y fue finalizado en el 139 d.C. En 271 Aureliano lo fortificó e integró como bastión en la muralla que había construido alrededor de la ciudad. Fue utilizado como cárcel y refugio durante la Edad Media y en el siglo XIII fue recuperado por la autoridad papal. Los papas se instalaron en apartamentos privados, de los cuales alguno se puede visitar.



Atravesamos el puente homónimo, decorado con numerosas estatuas de ángeles. Este puente fue construido en el año 136 y en 1495 se derrumbó. Fue reconstruido aprovechando gran parte de la estructura original.




Para entrar al castillo había poca cola, supongo que aún era un poco la hora de comer para algunos turistas. Está abierto ininterrumpidamente durante todo el día, de 9 de la mañana a 8 de la tarde y la entrada cuesta 6,50 Euros. Para jubilados y menores de veinticinco años el precio es algo menor y para estudiantes de Historia, Arte o Arquitectura de la Comunidad Europea es gratuito.

El Castel Sant'Angelo tiene en algunas salas de su interior exposiciones de arte, tanto de pintura como de escultura. Desconozco si es permanente o van cambiando las muestras. De entre todo lo que había, me ecantó esta escultura:


También se pueden visitar patios y aposentos ambientados en el medievo y con tintes un tanto más belicosos. Después de todo, fue una fortaleza.


Lo que es seguro es que las vistas desde arriba son impresionantes. No me lo esperaba porque el castillo parece más bajito de lo que en realidad es. Una vez arriba, una se da cuenta de que sin duda merece la pena subir para disfrutar de unas magníficas vistas de Roma. ¡Si hasta se ve un poco el Coliseo!






En la cima de la ciudadela del castillo se encuentra una estatua del arcángel san Miguel. Cuenta la leyenda que allí mismo el arcángel se apareció ante el papa Gregorio el Grande y puso fin a la epidemia de peste que azotaba Roma. Para rendir homenaje al milagro, el mausoleo de Adriano pasó a llamarse Castel Sant'Angelo en el siglo IX.


Después de recorrernos el castillo durante unas dos horas, ya no había más que hacer allí. El día empezaba a morir y, mientras nos alejábamos, pudimos contemplar la Basílica de San Pedro durante la puesta de sol:


Aquella noche quisimos ver la Fontana di Trevi con su aspecto nocturno, pero antes fuimos a husmear por las tiendas de recuerdos, porque nos gusta comprar un imán de todos los sitios en los que estamos. En la mayoría de tiendas de souvenirs vendían bolsas de pasta de todas las clases, formas, tamaños, colores... Me llamó la atención la gran variedad que existe:


También entramos a una tienda que vendía juguetes de madera hechos a mano. De hecho, estaba el dueño trabajando allí mismo. ¿No recuerda sospechosamente a Geppetto?



Tras estas curiosidades y una cenita ligera, nos acercamos a ver la Fontana di Trevi iluminada por la noche. Es más preciosa si cabe que de día:


Y como el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, esa segunda noche también volvimos andando al hotel por la Vía Flaminia, pero ya nos sabíamos el camino, así que estábamos más seguros. De todas formas, la caminata era importante y después de todo el día andando por Roma se hacía pesado y a partir del tercer día bajamos y subimos al centro en el minibús que ponía el hotel.

Y bueno, así acaba nuestro segundo día en Roma. En el próximo capítulo los Museos Capitolinos y muchas cosas más. Continuará...
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