jueves, 30 de junio de 2011

Excursión: Castalla

Ayer estuve pasando la tarde en Castalla, un pueblo de la provincia de Alicante de unos 10.500 habitantes. Está a 36 kilómetros de la capital, en una zona montañosa. En el punto más alto (675 msnm) hay un castillo que parece ser de construcción árabe; el pueblo fue creciendo alrededor de él por las faldas de la montaña. Jaime I de Aragón tomó el pueblo durante la Reconquista y lo integró el en Reino de Valencia en 1244. En 1336 el pueblo pasó a ser propiedad de la Corona y en 1362 fue creada la baronía de Castalla, que fue donada a Don Ramón de Vilanova. En 1729 el marqués de Dos Aguas heredó el castillo, que estuvo en manos de esa familia hasta que en 1989 pasó a ser propiedad municipal. Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) tuvo lugar allí una importante batalla contra los invasores franceses.

Ver Camino a Castalla desde Alicante en un mapa más grande

 Es un lugar bastante tranquilo, sobre todo en la parte del Casco Antiguo.




Curioso nombre para una calle




Al castillo no pude acceder porque hace poco hubo unos actos vandálicos y se encontraba cerrado a causa de las destrozas. Nadie sabe cuando volverán a abrirlo al público.



Mi excursión fue bastante breve y me faltaron algunas cosas por ver y fotografiar pero es que hacía tanto calor que empecé a encontrarme mal y volví a casa. Nota mental: no ir nunca más de excursión tras una dura jornada laboral y con un golpe de calor.

Dicho esto, poco más se puede añadir. Es un pueblo normalito donde lo más destacable para hacer buenas fotos es el Casco Antiguo, como en este tipo de localidades suele ocurrir. La verdad es que algunas casas están muy deterioradas y deshabitadas y supongo que a eso hace referencia la pintada de "Centre històric viu" (Centro Histórico vivo) de la foto de arriba. En la parte más nueva, que es la más baja del pueblo, hay mucha vida, edificios actuales, supermercados, mucha gente joven y niños, pero es cierto que la parte de arriba está muy dejada.

Por otro lado, no puedo acabar sin presentar el plato típico de la localidad, que son los gazpachos manchegos. Es una receta extendida por toda la provincia, pero tienen mucha fama los de Castalla. La verdad es que yo no los he probado de allí porque no soy demasiado gazpachera (me gusta más la paella). En Castalla hay un restaurante que se llama Viscayo del que todo el mundo habla, ya que cuenta con una peculiaridad: sirven los gazpachos sobre una torta de levadura cocida en lugar de en un plato, la ponen en el centro de la mesa y todos a picar. Por lo visto, esa misma coca se rocía con miel cuando se acaba con el plato fuerte y sirve a su vez de postre. A mi no me llama mucho la atención, no es mi estilo, pero ya que hablamos de Castalla, es un dato a comentar.


Es un plato a base de cebolla, ajo, pimiento y especias sofritos todos con carne de pollo o conejo. Luego se le añade agua y tortas desmigadas y se cuece hasta que queda meloso. También se le pueden añadir caracoles o setas y existe una variedad que en lugar de con carne se prepara con mero. Mientras estoy escribiendo esto me doy cuenta de lo poco que me gusta, jajaja. En las raras ocasiones en que lo tomo prefiero hacerlo en un plato, gracias. La cuestión es que yo no como demasiada carne (y menos de conejo) y los caracoles no puedo ni verlos, así que no soy muy fanática de este plato, aunque por estos lares es todo un éxito.

miércoles, 22 de junio de 2011

Excursión: Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

El domingo estuvimos mi novio y yo en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Es curioso, pero está a dos horas en coche (con el famoso 110 km/h) y no lo habíamos visitado nunca. La verdad es que antes de esto yo había estado en Valencia una vez, pero de pasada y para enlazar autobuses para ir a otro sitio. Con lo cerca que está... Bueno, llegar es muy fácil. Nosotros no conocemos la ciudad de Valencia para nada, no sabemos circular por ella, pero casi sin ver mapas ni nada, no nos perdimos en absoluto; llegamos directamente al sitio. La cuestión es que una vez que se va entrando a Valencia está todo más que bien señalizado para llegar a la Ciudad sin perderse. Repito: es muy fácil. De todas formas, en su página web explican perfectamente cómo llegar, con coordenadas para GPS y todo. Aquí tenéis el mapa de Google para situaros y un plano del recinto:



Las tarifas ya son otra historia. Depende de lo que se quiera visitar entre los diferentes apartados de la Ciudad, el precio varía. También cambia entre grupos, adultos, jubilados... Para hacerse una idea lo mejor es consultar este apartado de la web. Con respecto a los horarios, también son diferentes dependiendo la época del año. Lo que es seguro es que abren a las 10 de la mañana y nosotros ya estábamos allí sobre las 10'30. Al ser domingo, no había nada de tráfico en los accesos a la ciudad; entre semana no quiero ni saber cómo estará eso (me agobia conducir por carreteras muy concurridas).

Bueno, el complejo fue inaugurado en abril de 1998 y los edificios están diseñados por Santiago Calatrava y Félix Candela. Son estructuras impresionantes construidas en hierro, acero y cristal. Debo decir que a nosotros no nos dio tiempo a verlo todo, nos faltó la parte del Oceanogràfic y esperamos volver otro día. Tras sacar las entradas de lo que sí íbamos a ver, dimos un paseo por el recinto para hacer tiempo, porque lo primero que cogimos fue una proyección y aún faltaba un poco para que empezara.



Llegado el momento, nos dirigimos al Hemisfèric, sala de proyecciones de cine IMAX y planetario. Había varias películas para elegir y nosotros nos quedamos con una que trataba sobre el telescopio espacial Hubble. Todas las películas duran unos cuarenta minutos y con el tiempo las van cambiando. Se puede consultar la programación aquí. Fue bastante impresionante, aunque al principio mareaba un poco la estructura de planetario, que mires donde mires todo es pantalla. Pero es recomendable ver algo allí y llevarse la experiencia. ¡Yo repetiría!


Al salir nos comimos unos bocatas en una cafetería (en cada edificio hay una) y seguimos con nuestras cosas. Lo siguiente era el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. La visita a este edificio dura casi tres horas si se quiere ver todo bien. A nosotros nos chifla todo eso de la Ciencia y además este museo es 100% interactivo. Hay un montón de cosas para toquetear y experimentar. Puedes desde probar la fuerza centrífuga hasta tomarte la tensión, pasando por una prueba de saltos de longitud, la contemplación de un hormiguero gigante o infinidad de curiosidades sobre el cuerpo humano. Es divertidísimo y lo pasamos genial. 

En el mismo edificio hay también espacio para una exposición itinerante que van cambiando cada cierto tiempo. A nosotros nos tocó una sobre Marvel y la relación de sus superhéroes o mutantes con la genética y la ciencia. También era bastante interactivo e incluía figuras de algunos personajes de la franquicia.



Casi exhaustos por tanta diversión, llegó el momento de nuestro último lugar a visitar por aquel día: el Umbracle. Es una zona elevada y al aire libre prácticamente (debajo está el parking muy bien camuflado. 2 € la hora). En esa parte de la Ciudad también van poniendo exposiciones itinerantes. Ahora mismo está una que se llama "Entre dinosaurios" y es curiosa de ver. Son animatronics de diferentes especies de dinosaurios, todas a tamaño real, que se mueven, emiten sonidos y van acompañadas de una explicación sobre los hábitos alimentarios de cada uno, el período en que existió, sus dimensiones... Es muy interesante, pero se me hizo corto. Lo que no sé es hasta cuando estará.





Y visto eso, se acabó nuestra excursión por aquel día. Lo pasamos en grande, sobre todo en el Museo de Ciencias, y regresamos a casa con ganas de volver dentro de un tiempo para ver lo que nos faltó, que es básicamente la zona del Oceanogràfic. 

lunes, 13 de junio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 4: El Panteón, La Piazza Navona y algunas iglesias

DÍA 2.- 7 DE MAYO DE 2011

A la mañana siguiente también bajamos al centro a pie, pero en esta ocasión deshicimos el camino de la noche anterior y fuimos por la Via Flaminia, casi igual de chunga de día que de noche, algo que no esperábamos; creíamos que a la luz del día todo se vería de otra manera, pero no. Como dije en mi anterior relato, esta enorme avenida desemboca en la Piazza del Popolo y así pudimos verla también de día.


La semana antes de viajar nosotros a Roma habían beatificado a Juan Pablo II. Quedaban muchas muestras del evento por toda la ciudad:


Esa mañana de sábado elegimos la Via Ripetta de entre las tres que forman El Tridente. A media calle se encuentra el Mausoleo de Augusto, que el emperador mandó construir en el 28 a.C. para albergar su tumba y las de sus descendientes. Mide 87 metros de diámetro y era uno de los monumentos más importantes de la antigua Roma. Hoy en día está cerrado por obras desde 2007, así que solo se puede ver por fuera y desde ciertos sitios. Una pena que esté tan deteriorado.


Después de la desilusión que supuso ver este monumento en tan mal estado, fuimos a buscar la iglesia de Sant'Ignazio. Me la había recomendado una amiga días antes de partir y menos mal, porque de otra forma no habría reparado en ella. Me gustó mucho porque la bóveda está decorada con una pintura en trampantojo que resulta bastante impresionante.


Tras deleitarnos con esa magnífica obra de arte, fuimos en busca del Panteón. Por el camino pasamos por una calle que se llama Pie de Mármol (Via del Piè di Marmo). ¿Por qué? Pues porque en una de las esquinas reposa un enorme pie de ese material, fragmento de una estatua de la antigüedad:


El Panteón ya estaba muy cerca, pero antes de eso nos dimos de bruces con la iglesia Santa María sopra Minerva. Toda una sorpresa porque la fachada es bastante austera, nada que ver con las riquezas que guarda en su interior: los restos de Fra Angélico, frescos de Filippino Lippi o la escultura del Cristo Redentor de Miguel Ángel, mi primer contacto face to face con una obra de este magnífico artista:


En la plaza donde se encuentra esta iglesia vi uno de los obeliscos de Roma (de los muchos que hay) que más me gustó: El Elefantino. Está esculpido por Ercole Ferrata basándose en un dibujo de Bernini:


Y ahora si, por fin llegamos al Panteón, uno de los lugares de Roma que más estaba interesada en ver y que tenía como objetivo turístico desde hacía muchos, muchos años. Siempre me ha llamado la atención y, además, es un edificio que me ha tocado estudiar mucho en Historia del Arte, debido a lo revolucionario de su construcción, donde su curiosa cúpula tiene mucho que ver. Verme de repente allí fue algo magnífico, resulta muy difícil de expresar con palabras lo que significó para mi pisar ese suelo, contemplar la cúpula desde dentro, por fin y en persona; pero lo más impresionante de todo es pensar que fue construido hace más de dos mil años y ahí está, en pie. 



A lo largo de la historia, desde que Agripa lo construyó en el 27 antes de nuestra era, ha pasado por muchas restauraciones. Sin duda, lo más impresionante de este edificio es la cúpula que corona la cella, mandada construir por Adriano en el 125 d.C. Está sostenida por muros de 6 metros de grosor y su altura es igual a su diámetro: 43,30 metros. El ojo de buey central es impresionante, perfectamente proporcionado.


Desde el siglo VII el panteón es una iglesia católica y en su inerior podemos encontrar las tumbas de algunos reyes de Italia y artistas, como por ejemplo Rafael, que deseaba descansar allí.

Después del Panteón, decidimos marchar hacia la Piazza Navona, uno de los lugares más animados de Roma: restaurantes, caricaturistas, mimos vendedores de arte... Está construida sobre los cimientos del estadio de Domiciano y conserva su forma alargada. Hoy en día, las antiguas gradas han dejado paso a fuentes, iglesias y palacios, siendo esta plaza una buena muestra del arte barroco.






Una de las cosas que componen esta plaza y más llama la atención es la fuente de los Quattro Fiumi (de los cuatro ríos). Fue construida por Bernini en 1651 y es testimonio de una de las mayores rivalidades artísticas de la historia. La estatua que representa el río de la Plata levanta la mano para protegerse de la iglesia de Santa Inés, construida por Borromini, el gran rival de Bernini. A su vez, la estatua del Nilo se tapa los ojos con un velo para no ver el citado monumento:



Llegados al mediodía, decidimos comer en uno de los restaurantes de la Piazza Navona. Primer contacto con la gastronomía italiana: una deliciosa pizza cuatro quesos frente a la Fuente de los Cuatro Ríos. Masa fina, fina, esponjosa, sabrosa... se me hace la boca agua al recordarlo.


Después de comer dimos un paseo por la plaza, admirando el resto de fuentes y edificaciones y continuamos descubriendo Roma. Pero eso lo dejo para el próximo capítulo...

lunes, 6 de junio de 2011

Roma 2011 - Capítulo 3: La primera tarde

Después de hacer acto de presencia en el hotel y dejar las maletas en la habitación, nos fuimos a recorrer Roma. Aquella primera tarde nos dio tiempo a ver muchas cosas. Este viaje fue totalmente improvisado y no nos dio tiempo a planificar los itinerarios antes de salir de casa, así que cada noche al llegar al hotel nos marcábamos una ruta para el día siguiente, algo que no habíamos hecho nunca, ya que siempre llevamos los deberes hechos de casa y todo programado. La ruta de esta primera tarde fue la única que definimos antes de salir de casa la noche antes de partir y, a pesar del retraso del avión, nos dio tiempo a visitar todo lo que teníamos previsto. Este es un mapa del itinerario, que voy a ir explicando a continuación:


DE CAMINO HACIA LA VILLA BORGHESE

Salimos del hotel e iniciamos nuestro recorrido hacia la Villa Borghese. Es uno de los parques más majestuosos de Roma y fue fundado por el cardenal Scipione Borghese en 1605. En su interior hay varios museos como el Etrusco o la Galería Borghese, que posee obras de Rafael o Tiziano, por ejemplo. También se puede encontrar allí dentro el parque zoológico, un restaurante, numerosas cafeterías o un anfiteatro del siglo XVIII. Nosotros optamos por bordear el lago simplemente y continuar nuestro camino, ya que teníamos prioridad por otros museos.





VIA VITTORIO VENETO

Al salir de la Villa Borghese decidimos continuar por la Via Vittorio Veneto. Es una avenida muy larga, famosa porque en la década de los 60 se puso muy de moda entre las estrellas de cine y por aparecer en varias películas italianas de la época. Es la zona donde se encuentran los hoteles de lujo y los restaurantes más exclusivos de Roma, todos ellos decorados con fotografías de actores y actrices como Sofía Loren o Marcello Matroianni. En resumen: retratos de la dolce vita.


IGLESIA SANTA MARIA DELLA CONCEZIONE

Casi al final de la Via Veneto se encuentra una de las iglesias de Roma más particulares: Santa Maria della Concezione, también conocida como Inmaculada Concepción. En su cripta alberga el llamado Cementerio de los Capuchinos, un lugar tan fascinante como siniestro. Se trata de un pasillo con cinco capillas decoradas con huesos de unos 40.000 monjes capuchinos. Fueron los propios monjes los que iban decorando las paredes con los restos de sus "hermanos" muertos. Hoy en día este tipo de decoración está prohibido en Italia. Lo que ya está hecho no se puede quitar, pero si algún hueso se cae no se puede volver a poner donde estaba porque sería delito. Para ingresar allí hay que dejar una voluntad cuyo mínimo es 1 euro por persona. Es un lugar bastante impresionante, la verdad. Abre todos los días de 9 a 12 y de 15 a 18 y no se pueden hacer fotos, así que he tenido que buscar alguna por Internet.



FONTANA DI TREVI

Después de visitar este lugar tan peculiar nuestro siguiente destino fue la Fontana di Trevi. ¿Qué decir? Primero no esperaba que fuera tan enorme como es, ni sabía que había escalones para bajar, creía que estaba a ras del suelo. Es algo impresionante, una de las cosas que más me gustó de Roma. Fue un gran placer estar un buen rato allí sentados contemplándola. 

Es obra del arquitecto Nicolo Salvi, que la finalizó en 1762. Es increíble porque está construida sobre la fachada de un edificio. La decoración representa el carro de Neptuno conducido fuera del agua por unos caballos marinos y unos tritones. A cada lado, unas estatuas representan la Abundancia y la Salubridad, mientras que encima, los bajorrelieves evocan la construcción del Acqua Virgo, que es el acueducto que ordenó abrir Agripa en 19 a.C. para llevar el agua a la ciudad. Dice la leyenda que este acueducto debe su nombre a la Virgen (virgo en latín), que guió a unos soldados hasta la fuente. Por cierto, la Fontana di Trevi aún se alimenta de esa fuente. 

Cuando se visita la Fontana di Trevi no hay que olvidarse de realizar un curioso rito: lanzar una moneda por encima del hombro izquierdo, lo que garantizará otra futura visita a Roma. Nosotros la lanzamos y ya veremos si es verdad porque, desde luego por mi parte, volvería a Roma solamente para contemplar la Fontana di Trevi una vez más. Todo ese dinero que se lanza a la fuente por los turistas va destinado a Cáritas desde que en 2002 se descubrió que un indigente llamado Robeto Cercelletta lo robaba por las noches, llegando a obtener hasta 500 euros en un sólo día. Y eso que está prohibido bañarse...






LA CENA

Lo que voy a decir ahora tiene muy poco glamour, pero después de ver la Fontana cenamos en un McDonalds que estaba muy cerca. El hambre arreciaba y aquél primer día no queríamos calentarnos la cabeza, aunque nos moríamos por probar algo típicamente italiano. Debo decir que los Big Mac italianos tienen el mismo sabor que en España y al menos en ese momento no había diferencia entre los menús ofertados en un país y otro.

GIOLITTI

Después de cenar fuimos a callejear un rato y sin pretenderlo, por casualidad, encontramos la heladería Giolitti. Es famosa por ser la heladería que servía al Papa Juan Pablo II, que por lo visto tenía gran afición a estos helados. Este día no los probamos porque no había apetito, pero nos prometimos volver y tomar algo allí. Eso nunca ocurrió. Al final probamos los helados pero de otro establecimiento que nos acabó pillando más a mano.



PLAZA DE ESPAÑA

Seguimos nuestro camino y después de atravesar la Plaza del Parlameto, subimos por la Via del Corso hasta que encontramos la callecita que desemboca en la Plaza de España. Quizá fue una de las cosas de Roma que menos me gustó. Comienza con una fuente de 1629 que se llama Barcaccia y es obra de Bernini. Luego tenemos unas enormes escaleras del siglo XVIII que se van estrechando según suben y acaban en la iglesia de la Trinità dei Monti. Es una zona muy florida y concurrida y las escaleras siempre están llenas de gente. Me dio la impresión, quizá por eso, que es donde más abundaban los vendedores callejeros. Debo destacar eso como punto negativo de Roma: son muy pesados, más que las gitanas del romero de Granada. Bueno, no sé... jajaja.




PIAZZA DEL POPOLO

Después de ver la plaza, subimos por la Via del Babuino hasta llegar a otra plaza, la del Popolo. Empezaba a hacerse de noche.

El diseño actual de la Piazza del Popolo es de estilo neoclásico, obra del arquitecto Giusseppe Valadier entre 1811 y 1822, quien se encargó de la demolición de algunos edificios para dotar a la plaza de dos semicírculos perfectos. Un obelisco egipcio dedicado a Ramsés II y traído de Heliópolis se alza en el centro de la plaza, en medio de una fuente de 1818, decorada también con motivos egipcios.Como decía, de esta plaza nacen tres de las calles más concurridas y de tiendeo de Roma, que por su forma son conocidas como El Tridente: Via del Corso, en el centro; Via del Babuino, a la izquierda; y Via di Ripetta, a la derecha. Delimitando el cruce de estas tres calles, se encuentras las iglesias gemelas: Santa Maria dei Miracoli (1681) y Santa Maria in Montesanto (1679), empezadas por Carlo Rainaldi y completadas por Bernini y Carlo Fontana.



DE VUELTA AL HOTEL POR LA VIA FLAMINIA

Tras sentarnos un poco a descansar junto a la fuente de la Piazza del Popolo, lo que resultó muy agradable, emprendimos camino de vuelta al hotel. Decidimos volver a pie para explorar un poco y el mejor camino parecía continuar por la Via Flaminia, que en tiempos del Imperio era la principal calzada hacia el norte. Hoy en día nos pareció una zona bastante chunga, con edificios abandonados y grafiteados, gente muy extraña y tramos realmente solitarios y carentes de alumbrado. Con la noche ya cerrada sobre nosotros fue un momento bastante desagradable en el que pasamos un poco de miedo y ni siquiera hice fotos, pues no me atrevía a sacar la cámara. Encima nos perdimos un poco y tardamos en llegar al hotel más de lo esperado. Pero ahora que lo pienso desde la seguridad de mi hogar, fue divertido, una anécdota que ahí se queda para contar a los nietos :P

Y así acabó nuestra primera tarde en Roma, en el próximo relato continuaré con lo que hicimos al día siguiente, que fue mucho.
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