lunes, 14 de noviembre de 2011

En coche por Galicia 2011 - Capítulo 2: Arrancamos motores y hacemos la primera parada en Ávila

En el capítulo anterior...

DÍA 1 - LUNES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2011

El despertador sonó muy temprano, pero esta era una de esas ocasiones en las que da gusto oírlo: nos íbamos de viaje. Las maletas nos esperaban perfectamente hechas (a falta de los cepillos de dientes), el coche estaba reluciente y a punto. Todo preparado para el viaje más largo y con más autonomía de nuestras vidas: atravesar España de punta a punta en coche para hacer rutas por Galicia durante nueve días. Tras un sencillo desayuno y unos últimos retoques al equipaje, cargamos con él y cerramos la puerta de casa por unos días. El coche nos esperaba con el depósito lleno y el maletero vacío, estado que enseguida cambió. Todo a punto: mapa de carreteras en mano, pendrive cargado de música hasta los topes y muchas ganas de viajar. Arrancamos los motores y pusimos rumbo norte. Empezaba a amanecer. Pueblos y más pueblos que quedaban atrás y nos alejaban cada vez más de Alicante.

Queríamos tomarnos el viaje con calma y descansar a medio camino, así que nuestra primera parada era Ávila, ciudad que ninguno de los dos conocía y por lo que resultó ser una buena opción para un alto en el camino. Pasaríamos allí la tarde y la noche y al día siguiente continuaríamos hasta Santiago de Compostela.

Ver De Alicante a Ávila en un mapa más grande

Entre los (excesivos) peajes, las típicas paraditas y el almuerzo (cerca de Madrid), el trayecto duró unas cinco horas y poco. Lógicamente, donde más tráfico encontramos fue bordeando Madrid, pero ya contábamos con ello, así que este primer tramo del viaje salió según lo esperado. Cuando llegamos a Ávila, la ciudad más alta de España con 1.100 metros de altitud, teníamos muy claro hacia dónde dirigirnos porque habíamos consultado un callejero e incluso lo imprimimos, pero de todas formas no había pérdida. Nuestro hotel estaba situado en la Plaza de la Catedral, pegado prácticamente a la muralla, así que bastaba con seguir las muchas indicaciones que señalaban hacia el mayor orgullo de la ciudad. Cuando lo localizamos y vimos que por allí no se podía aparcar, fuimos a dejar el coche a un parking cercano (en el exterior de la muralla). Nuestro hotel disponía de aparcamiento, pero el del parking que encontramos era más económico.

Bueno, el hotel era el Palacio Valderrábanos, que está situado, como he dicho, en la Plaza de la Catedral. Es de cuatro estrellas y la relación calidad/precio es excelente, sobre todo por la situación. Las vistas desde la ventana de la habitación eran sublimes, con la catedral justo al lado. La decoración es señorial, haciendo gala a su nombre. El edificio fue un palacio antiguamente y se construyó en el siglo XIV para defender La Puerta de Los Leales. Lo peor del hotel: el desayuno cuesta 9 € si se va por libre, como era nuestro caso, así que no desayunamos allí al día siguiente. Y el personal era algo seco, pero por lo demás, dormimos muy a gusto, que al fin y al cabo, es a lo que se va a un hotel. ¡Ah! Y estaba todo muy limpio. Para más información: página oficial y ficha en Booking.


Hecho el acto de presencia y dejando unas pocas pertenencias para pasar la noche en la habitación, marchamos a recorrer la ciudad después de comer un ligero menú en el bar de enfrente. Esta es la primera parte del itinerario que hicimos, tomando como punto de partida el hotel:

Ver Recorrido Ávila en un mapa más grande

Lo primero que vimos fue la Catedral del Salvador. No se sabe el momento exacto de su construcción, pero se cree que se inició en 1091. Se empezó a construir en estilo románico, pero con transición ya hacia el gótico, estilo con el que se terminó y con el que se remodelaron muchos elementos hasta hacer desaparecer por completo todo vestigio del románico. Se cree que la catedral de Ávila es el templo gótico más antiguo de España. Al ser de los principios del gótico, resulta identificable pero bastante sencilla para lo que luego fue ese estilo una vez desarrollado, sobre todo en su parte frontal. En el ábside, que forma uno de los cubos de la muralla, se puede observar un estilo más definido, así como en el interior. El horario de visitas es de 10 a 17 (en verano abre durante una hora más) y el precio 4 €.




Vista la catedral, continuamos hacia la Plaza del Mercado Chico, donde todos los días hay mercadillo por la mañana y donde se encuentra el Ayuntamiento, aunque no es el edificio más destacable de la plaza para mi gusto (prefiero el de enfrente): 


Desde la Plaza del Mercado Chico sale una foto interesante:


Continuamos nuestras andanzas callejeando por puro instinto hacia el exterior de La Muralla. Salimos por el Arco del Carmen, que está junto al Parador de Ávila y es una de las nueve puertas con las que cuenta este monumento. La Muralla, cuya función es claramente defensiva, fue construida a finales del siglo XI, aunque se sostiene la teoría de que podría haber sido edificada mucho antes. Su perímetro es de 2.516 metros y sus muros tienen 3 metros de grosor y 12 de altura. Es posible acceder a diversos tramos por el precio de 5 €. El horario es de 10:00 a 20:00 en verano y de 10:00 a 18:00 en invierno y se cierra los lunes, así que nosotros no entramos porque era justo ese día de la semana.

La Muralla ha sufrido numerosas restauraciones a lo largo de su historia y debo decir que se encuentra espléndida y en perfecto estado, muy bien conservada. Es curioso pero, en el siglo XIX, se planteó echarla abajo para que la ciudad pudiera expandirse mejor y no hubiera distinciones entre barrios, pero una fuerte crisis económica impidió que el proyecto se llevara a cabo. ¿Alguien se imagina ahora mismo a Ávila sin Muralla? Me parece una aberración que quisieran destruirla, pero afortunadamente no fue así. En 1884 se declaró a Ávila Monumento Nacional, con lo que la Muralla quedó protegida para siempre. En 1985 la ciudad amurallada fue declarada Patrimonio de la Humanidad.



La verdad es que es preciosa, es uno de esos rincones imprescindibles de nuestro país. Antes de este momento, la había visto una vez de pasada desde el tren y a lo lejos, en otro viaje de hace años a Galicia curiosamente, así que fue muy especial poder llegar a ella por fin, verla de cerca, tocarla... Otra espinita viajera.

Y tras ese momento llegó la hora de hacer algo que me ha dado mucha curiosidad toda la vida: ir a los Cuatro Postes, el mejor mirador de Ávila. Llegar es muy sencillo porque se ve de lejos, pero podéis ver el camino en el mapa de arriba. Desde allí se obtiene una vista general del toda la ciudad amurallada y es una visita casi imprescindible de Ávila. Se dice que fue construido en 1566.



Tras gozar de unas vistas impresionantes de la ciudad, volvimos casi sobre nuestros pasos hacia la Plaza del Mercado Chico. Antes he comentado que en nuestro hotel el desayuno costaba 9 € por persona y eso se salía de nuestro presupuesto, así que fuimos a una pastelería de la plaza que habíamos visto anteriormente y compramos cosas para desayunar a la mañana siguiente. No cayeron las conocidas yemas de Ávila (aunque hice una foto al escaparate), pero llenamos la panza con ensaimadas, torteles de chocolate y un par de zumos, gastando sólo 4 € para los dos.


Tras comprar el desayuno lo dejamos en el minibar de nuestra habitación del hotel y descansamos un ratito, porque el madrugón, el viaje y el paseo por Ávila nos habían dejado un poco mustios. Tras el descanso y una ducha reponedora, salimos a pasear un poquito más, bordeando la Muralla, pero esta vez desde la Puerta del Alcázar. Callejeamos un poco también por la parte interna de la fotificación, pero apenas hice fotos.

Empezaba a anochecer y el hambre llamaba a la puerta, así que buscamos un sitio donde cenar y, tras descartar el restaurante chino La Gran Muralla (qué hábiles), nos decantamos por algo más típico y fuimos a parar al Restaurante Puerta del Alcázar. No cayó el famoso chuletón, no nos encontrábamos con ánimo para tomarlo por la noche, pero creo que lo que tomamos fue más contundente, pues entre otras cosas probamos las patatas revolconas. Habíamos pasado todo el día viendo ese plato anunciado en todas las pizarras de restaurantes y teníamos mucha curiosidad. Por lo visto es muy típico de Ávila, pero nunca habíamos oído hablar de él hasta ese momento. ¡Dioses! Estaba muy bueno, pero no pudimos acabarlo del todo. Si alguien quiere saber como se hacen puede visitar este enlace o este otro. Las nuestras pintaban tal que así:


Al terminar de cenar ya había oscurecido del todo, así que dimos otro paseo para ver la Muralla con su iluminación nocturna, algo que merece mucho la pena.


A esas horas hacía ya un frío de mil demonios y no había un alma por la calle, así que marchamos al hotel a hacer noche. Recordaré toda la vida que nos pusimos a ver una película que estaban haciendo por la tele, una de Bruce Lee y Chuck Norris que no recuerdo cómo se llamaba pero transcurría en Roma. El caso es que no aguantamos ni media hora: nos quedamos fritos. Había sido un día duro y el siguiente iba a ser similar, así que lo mejor era dormir bien.

A la mañana siguiente nos despertamos a las 6, tomamos el desayuno que guardamos en el minibar mientras veíamos las noticias y dejamos el hotel justo cuando comenzaba a amanecer. Las calles estaban mojadas porque las habían limpiado y brillaban todavía con la luz de las farolas y de los incipientes rayos del sol. Seguía sin haber nadie todavía por la calle y Ávila estaba en absoluto silencio. Sentí como si abandonara la ciudad de forma furtiva, en secreto, sólo con el ruido de las ruedas de la maleta sobre los adoquines.

La Plaza de la Catedral vista desde nuestra habitación de hotel al amanecer
Subimos al coche con el siguiente tramo del viaje bien estudiado. Ávila iba cobrando vida y nosotros la dejábamos atrás. Amanecía, la música de John Mayer inundaba el coche y Santiago de Compostela nos esperaba, pero eso será en otro capítulo.

Capítulo siguiente

4 comentarios:

  1. Me trae unos recuerdos Ávila. Recuerdo haber desayunado un día en un palacio cuyo patio se había convertido en restaurante.

    Fui por trabajo y terminé en el hospital de Ntra. Sra. de Sonsoles, operada de una hernia en el ombligo, en plenas fiestas de la ciudad. Luego llegaron mis padres y unos amigos de estos y allí estuve pasando unos días, aún convalenciente. La gente de Ávila tiene una forma de ser muy abierta, son buenos anfitriones.

    La ciudad me encantó.

    Saludos

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  2. Vaya anécdota. Seguro que no te olvidas de Ávila en tu vida. A mi me gustó y espero volver porque nos quedaron cosas pendientes, como por ejemplo lo de entrar a la muralla. ¿Tú lo hiciste? Si es así, ¿vale la pena?

    ¡Un beso!

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  3. No, no entré en la muralla.
    Cuando pude visitar la ciudad tenía un enorme apósito en la tripa, y no estaba para ver monumentos, porque a veces me sentía incómoda.
    Pero sí comí yemas, que me encantaron.

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  4. Pues mira, yo las yemas las dejé pasar. Craso error. Habrá que volver a Ávila; tú, para ver la ciudad estando más sana y yo para terminar de ver ciertas cosas y probar las yemas, jeje.

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