martes, 6 de septiembre de 2011

Roma 2011 - Capítulo 13: Ciudad del Vaticano (I). Museos Vaticanos

DÍA 5 - MARTES 10 DE MAYO DE 2011

Ese fue nuestro último día en Roma dedicado al turismo, porque al día siguiente también estaríamos allí, pero tendríamos un avión de vuelta esperándonos a media mañana. Decidimos dejar la visita a la Ciudad del Vaticano para un día entre semana porque los sábados y domingos hay mucha gente. Sobre todo los domingos, que por regla general el Papa se asoma al balcón a las 12 de la mañana y... no sé, saluda y dice algo, supongo. No visitamos este pequeño estado por cuestiones religiosas, sino artísticas y porque, ya que se está ahí al lado, dentro de Roma, ¿cómo no ir? No cuesta nada. 

Veamos, la Ciudad del Vaticano es una ciudad-estado, el país más pequeño del mundo. Cuenta con 900 habitantes y un 20% de su superficie lo ocupan la Basílica y Plaza de San Pedro. El idioma oficial es el latín y la moneda el Euro. Consiguió su independencia en 1929 y el máximo gobernante es el sumo pontífice, que en estos tiempos que nos ocupan es Joseph Ratzinger, también conocido como Benedicto XVI. Para entrar no suelen pedir la documentación, pero sí hay detector de metales y unas estrictas normas: nada de llevar las piernas ni los hombros al descubierto, tanto hombres como mujeres. Delante de nosotros en la cola había dos chicas con unos ligeros vestidos y la Guardia Suiza les impidió el paso.


La forma más sencilla (y espectacular) de acceder al Vaticano es llegando al Castel Sant'Angelo y continuando recto por la Via della Conciliazione, una avenida de 500 metros que se abrió entre 1936 y 1950 por orden de Benito Mussolini. Esta avenida pertenece a Roma de principio a fin y desde su comienzo se tiene ya una vista general de la Basílica de San Pedro bastante buena, pero lo cierto es que fue construida de un modo muy cruel. En el lugar que hoy ocupa la Via della Conciliazione, antes había viviendas. Básicamente a Mussolini se le antojó abrir la calle y mandó que las echaran abajo, desplazando a los habitantes a las afueras de la ciudad a viviendas de condiciones penosas. Hubo muchas protestas por parte del pueblo, pero creo que todos conocemos la vida y obra de Mussolini, así que sobran las palabras.

Ver Entrada al Vaticano en un mapa más grande


Una vez dentro de este pequeño país (mi sexto país diferente) decidimos ir antes que nada a los Museos Vaticanos porque hay bastante por ver, cierran pronto y la cola casi que llegaba hasta mi casa. El horario es de 9 de la mañana a 6 de la tarde, pero a partir de las 4 ya no dejan entrar a nadie. El precio de una entrada general son 15 € ahora mismo, pero para consultar otras tarifas nos fiaremos de la web oficial. ¿Merece la pena ir? Si (aunque qué va a decir una historiadora del Arte en ciernes). Hay obras muy importantes dentro pero, sin duda, el plato estrella es La Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Pero un momento, vamos desde el principio porque debo decir que los controles para entrar son exhaustivos, por eso las colas son tan largas, porque se entretienen mucho con cada visitante. Recordemos la norma de la ropa, pero también está prohibido entrar con mochilas o bolsos grandes. Da igual que nos registren de arriba a abajo y nos pasen todo por otro detector de metales: con bolsos grandes no se puede entrar y se acabó. No fue nuestro caso porque ya conocíamos el dato de antemano y fuimos ligeros, pero por si acaso, decir que hay taquillas para guardar el bolso o mochila.

En la puerta de los museos. Se me escapó un hombro, pero como ya estaba dentro...
Los Museos Vaticanos son un caos por dentro y, si encima topas con excursiones (de colegios, de institutos, de turistas, de japoneses histéricos...), sólo puedes hacer una cosa: dejarte llevar por la marea. Hubo salas en las que no vimos nada y simplemente nos dejamos arrastrar mientras contemplábamos los ornamentados techos.


Luego había otras salas en las que estuvimos solos y la verdad es que se agradecían esos remansos de paz. Los Museos Vaticanos existen desde el siglo XVI, así que son casi interminables, por lo que decidimos visitar las obras más destacadas. Iba con mucha ilusión de ver el Laocoonte, pero me fue imposible encontrarlo. Entre el agobio por la masificación y lo pésimo de los mapas del museo, no pudo ser. Lo que no nos perdimos (no hubiera tenido perdón) fue La Capilla Sixtina. ¿Qué decir? El curso pasado me salió como pregunta de examen, a desarrollar en un espacio de dos páginas. Estuve allí justo un par de semanas antes de ese examen y supongo que eso me ayudó porque saqué una de las notas más altas desde que empecé la carrera. Eso si que es estudio de campo y, por supuesto, casualidad de que preguntaran precisamente eso. En fin, es impresionante. Se sale de allí con dolor de cuello pero vale la pena. Me sorprendió mucho lo sumamente altos que son los techos. La luz es tenue para conservar mejor la calidad de los frescos, pero se pueden apreciar con todo detalle. Eso sí, es el único lugar del museo en el que no está permitido hacer fotografías. Alguien hizo pero enseguida le llamaban la atención porque la Capilla Sixtina está muy custodiada. Yo no me arriesgué por si luego me toqueteaban la cámara, pero también por respeto. Si es que no, es que no y punto. Así que tiro de Wikipedia para enseñarla por dentro:


La Capilla Sixtina... otro momento especial del viaje. Da pena salir de allí, pero había que continuar. En una de las salas del museo observé que la gente no paraba de asomarse por una ventana con la cámara de fotos, así que para allá que fui. Se sacaba una foto chula de la Basílica de San Pedro:


Bueno, la verdad es que después de esto poco más quedaba por hacer. Este tipo de museos (como el Louvre o el British) no se puede ver del tirón, es imposible. Lo que más mal me sabe de todo es la cantidad de cosas que ha afanado la Iglesia a lo largo de los siglos, pero lo cierto es que hay más de un museo que se abasteció gracias a coger cosas "prestadas" (como el Louvre o el British). Pero desde luego, con tan sólo un 1% de todo el oro que hay en el Vaticano, podríamos alimentar a mucha gente.

Cuando abandonamos el museo lo hicimos por la famosa escalera helicoidal, otra obra de arte sin lugar a dudas.



Al salir de los Museos Vaticanos fuimos a la Basílica de San Pedro, pero eso es otra historia, que hoy ya estoy agotada.

2 comentarios:

  1. Yo entré en tirantes, tanto en la Basílica como en los Museos Vaticanos. Es más, en pleno agosto, no llevaba más que tirantes en la maleta. Creía que no me dejarían pasar, pero había tanta gente que pasé desapercibida... hasta que llegué a la tumba de Juan Pablo II, que una especie de cura que había allí me miró fatal, creo que por dos motivos: porque no se me ocurría arrodillarme como había todo el mundo, y entonces vio mi indumentaria, con lo que me miró como si estuviera enfadado.
    Por cierto, fotos en los mismos lugares y de los mismos sitios, me ha recordado mucho a cuando estuve. Es que Roma es una ciudad preciosa.

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  2. Pues tuviste suerte por lo de los tirantes. Cuando estuve yo no dejaban pasar ni una. Quizá fue porque acababan de beatificar a Juan Pablo II y estaban un poco más en plan super-polis.

    Roma se deja fotografiar muy bien ;)

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