martes, 16 de agosto de 2011

Roma 2011 - Capítulo 10: Largo Argentina o Cat Sanctuary y final del tercer día

El último capítulo acabó dejando atrás el Aventino y de ahí continúo. Aquella calurosa tarde de mayo decidimos dar un paseo tranquilo hasta llegar a la zona donde se encuentra el Panteón para, posteriormente, cenar por allí y ver un poco el ambiente nocturno de esa parte de Roma. Elegimos un sencillo camino mirando el callejero y sin querer y por total casualidad nos dimos de bruces con las ruinas del Largo Argentina o, lo que es lo mismo: el Cat Sanctuary. Roma es una de las ciudades del mundo donde más gatos son abandonados. Muchos romanos se niegan a esterilizar a sus mascotas y, si crían, abandonan a todos los cachorros (o incluso a sus gatas antes de que den a luz). Antiguamente había unas mujeres llamadas Gattari (señoras de los gatos) que se ocupaban de los felinos abandonados, pero era tal el volumen de gatos callejeros que no podían con todo. Entonces, en la década de los 90, un grupo internacional de voluntarios instaló su organización en las ruinas de Largo Argentina (descubiertas en 1929). Allí se encargan de cuidar a gatos enfermos y/o abandonados; los esterilizan, alimentan, vacunan y les dan cobijo. Las cifras son escalofriantes: cada año les llegan unos mil gatos abandonados.

Como decía, nos dimos de bruces con ese sitio sin saber que existía. Al principio pensamos que era una ruina con algunos gatitos, pero cuando miramos mejor nos dimos cuenta de que había muchísimos gatos camuflados por allí y que en la parte más honda de las ruinas, bajando por una escalera de hierro de dudosa seguridad, se encontraban los departamentos donde vacunan a los gatos y también una pequeña tienda. Cat Sanctuary sobrevive gracias a las ventas de los artículos y las donaciones de algunas personas. Estuvimos hablando con una chica de la organización (por fin pude poner a prueba mi italiano con éxito), que nos contó cómo funciona todo aquello y nos enseñó los departamentos y cómo trabajan. Allí había gatos también por todas partes, son bastante libres de ir y venir, pero mientras estén allí se mantienen alimentados y cuidados, así que no se suelen marchar (porque los gatos no son tontos). Yo me compré una camiseta y una postal. Todos los artículos tienen estampados o motivos gatunos, son muy cucos y están bien de precio. Si alguien quiere ayudar a la organización puede visitar la página web y echar un vistazo a las cosas que venden e informarse de sus labores. Yo soy una apasionada de los gatos, así que esta iniciativa me pareció muy acertada.

Los gatos que hay por allí están acostumbrados a tratar con la gente, así que son muy dóciles y tranquilos. Les hice algunas fotos:






Después de dejar atrás el Cat Sanctuary fuimos hacia la zona del Panteón, como teníamos previsto. Nos sentamos un rato en la fuente que hay enfrente, viendo a artistas ambulantes tocar su música. Había un señor que tocaba la guitarra eléctrica más que bien. Luego llegó un grupo que llevaba guitarras, cellos y demás y le dijeron que se fuera, pero el hombre no quería y empezaron a pelearse. Finalmente el guitarrista solitario se marchó y nosotros también.




Tras ese espectáculo nos metimos entre pecho y espalda un risotto y volvimos al hotel. Y hasta aquí llegamos hoy. En el próximo capítulo mostraré una visita muy especial en nuestro viaje: el Coliseo.

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