miércoles, 10 de agosto de 2011

Roma 2011 - Capítulo 9: La Bocca della Verità, El Circo Massimo y el Aventino

Dejando atrás el Trastévere nos dirijimos a la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, donde en una de sus paredes exteriores se encuentra la Bocca della Verità. Esta escultura data del siglo I y se desconoce su utilidad. No se sabe si era parte de una fuente, de una cloaca o un elemento meramente decorativo. Los ojos y la boca de la escultura están huecos y dice la leyenda que si la persona que mete la mano ha sido infiel o es un mentiroso, la boca se la arranca. Esta leyenda ha sido siempre muy popular en Roma y durante la Edad Media los monjes de esta iglesia metían escorpiones en la boca para que la gente no los molestara. Hoy en día no hay peligro ninguno, excepto la larga cola para poder hacerse la foto (una por persona).


Después de ver la Bocca entramos a la iglesia, del siglo VI. En sus catacumbas reposan algunos restos y reliquias que el papa Adriano I tomó de otras catacumbas de Roma.


Al salir de la iglesia fuimos al Circo Massimo. En su época de esplendor era el circo más grande de Roma, con 600 metros de longitud y 225 de anchura. Situado entre las colinas Palatina y Aventina, tenía espacio para más de 300.000 espectadores. En él se celebraban juegos públicos, tales como carreras de cuádrigas, por ejemplo. Hoy en día no queda más que imaginar esa antigua gloria, pues el Circo Massimo se encuentra en ruinas. Se conserva su forma alargada y unas vistas bastante buenas de una parte del Palatino, pero por lo demás, es un simple lugar donde los jóvenes van a echarse en la hierba y los niños juegan al fútbol.



Ese día aún podía dar más de sí y, ya que el Monte Aventino quedaba cerca, decidimos subir. Es una de las colinas de Roma así que no nos engañemos: la subida es costosa. Pero sin duda merece la pena subir porque allí se respira una tranquilidad que es difícil encontrar en otros puntos de la ciudad. Es uno de los barrios más elegantes, lujosos y en contacto con la naturaleza de Roma. Se nota de verdad que el aire es diferente, huele a verde y las vistas desde arriba son dignas de disfrutar.


Nosotros nos quedamos un buen rato a la sombra de los árboles en la Plaza de los Cavalieri de Malta, un parquecillo rodeado por altos muros donde están los miradores para ver Roma desde arriba. Es un lugar muy agradable y está lleno de naranjos. En su interior hay una iglesia donde los domingos por la mañana se pueden escuchar cantos gregorianos.



Era domingo y estábamos en mayo, así que nos encontramos a una niñita de Comunión haciéndose fotos y de paseo por allí. Buen sitio.


Y nada más por hoy. Después de descansar un poco bajamos del Aventino, pero eso lo voy a dejar para otro post. 

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