lunes, 30 de mayo de 2011

Roma 2011 - Capítulo 2: El accidentado viaje de ida

DÍA 1.- 6 DE MAYO DE 2011. NOS VAMOS A ROMA

Este viaje tendríamos que haberlo hecho en septiembre, pero decidimos adelantarlo al presentarse unas improvisadas vacaciones en mayo. El día antes hicimos las maletas y preparamos toda la documentación. Con todo listo, nos fuimos a intentar dormir unas horitas, pero por mi parte no pudo ser: en pocas horas cogería un avión y eso generalmente me aterra. Dí una cabezadita, pero a las cuatro de la mañana sonó el despertador. Parecía, como siempre ocurre en estos casos, que era cuando más a gusto estaba durmiendo. Pero, ¿qué más daba? ¡Nos íbamos a Roma!

Mi novio Toni y yo vivimos en Alicante y desde esta ciudad no existe ningún vuelo directo a Roma, así que tuvimos que pasar por Barajas (Madrid) para cambiar de avión. Nuestro primer vuelo con destino a la capital española salía a las siete de la mañana, pero por aquello de facturar y porque el aeropuerto de Alicante está lejos de la ciudad, salimos de casa a las cinco y poco de la mañana. El encargado de llevarnos al aeropuerto fue mi suegro. La semana anterior habían inaugurado el nuevo aeropuerto del Altet, justo al lado del viejo, pero con accesos desde la autovía y aparcamientos también renovados. Nos perdimos un poco para llegar y tuvimos que ir a la salida de Elche a dar la vuelta, pero al final lo conseguimos. Fuimos corriendo a facturar la maleta y a que nos dieran las tarjetas de embarque, pasamos el control de seguridad, localizamos la puerta de embarque y subimos al avión casi al instante. Por entonces no lo sabíamos, pero acabábamos de superar la primera prueba de unas cuantas más que estaban por venir ese día.

El vuelo a Madrid fue bastante tranquilo, el tiempo estaba despejado y eso es un consuelo. Para mi hay dos momentos clave para sentirme tranquila cuando estoy volando, a saber:

1) Cuando tras el despegue se oye la voz del comandante anunciando que todo va bien y el cielo está despejado y
2) Cuando las azafatas empiezan a pasearse con el carrito de los menús.

Era la primera vez que volábamos con la compañía Vueling y debo decir que me gustó porque el personal derrocha dinamismo, al menos desde mi experiencia. Aterrizamos en Madrid sobre las ocho de la mañana y nuestro siguiente vuelo salía a las nueve, pero la segunda prueba de fuego no había hecho más que comenzar. Al bajar del avión fui a mirar las pantallas para confirmar la puerta de embarque de nuestro vuelo a Roma y... ¡sorpresa! El vuelo de las nueve se había retrasado a las doce menos cuarto de la mañana. ¿Por qué?

Allá que fuimos a preguntar al mostrador de Iberia, como otros tantos viajeros. Preguntó Toni y la señorita que le atendió le dijo que se había presentado una huelga general en Italia, no sólo de aeropuertos, si no en todo el país. La huelga iba a durar hasta las dos de la tarde y hasta entonces no daban pistas para aterrizaje, por eso el nuevo horario era de las 11:45, ya que si el avión despegaba a esa hora, llegaría a Roma pasadas las 14 h., con la huelga ya resuelta. Pero ojo, si la huelga se complicaba (y cabía la posibilidad), en lugar de atrasar nuestro vuelo, lo cancelarían. La trabajadora de Iberia había sido muy clara y no nos quedaba otra opción que esperar para ver qué iba a pasar. 

Nuestro vuelo es el tercero de la lista, el 3612. Fue desesperante ver esta pantalla

Vaya suerte tuvimos al elegir el día para ir a Roma, ya era casualidad. Con lo bien que teníamos los horarios de los enlaces para esperar poco entre vuelo y vuelo... Desconozco si esta huelga se anunció en las noticias o no los días previos, pero nosotros no teníamos ni idea. En nuestra espera en el aeropuerto localizamos los enchufes de pared disponibles, por si teníamos que quedarnos en Barajas mucho tiempo y necesitábamos cargar los móviles, y nos fuimos a almorzar unos sándwiches con esos precios abusivos que tienen en el aeropuerto (el mismo sándwich que en el Alcampo cuesta 1,50 allí estaba por 7 Euros).

No dejábamos de mirar las pantallas por si había alguna novedad, para bien o para mal. Empezamos a barajar opciones por si nos teníamos que quedar en Madrid. ¿Anularíamos todo? ¿Esperaríamos un vuelo al día siguiente? ¿Elegíamos otro destino? ¿Nos quedábamos en Madrid a ver musicales como si fuera el día del juicio final? ¿Nos tocaría dormir en el aeropuerto? Fueron momentos muy angustiosos por los que nunca había pasado. Nunca me había visto en esos problemas a la hora de coger un avión y me veía ya como esas pobres personas que se quedan tiradas y salen en las noticias después de haber maldormido en el frío suelo del aeropuerto mientras esperan una solución. Supongo que por estadística alguna vez me tenía que tocar.

Pero al cabo de las horas se vio la luz: anunciaron una puerta de embarque. ¡El vuelo iba a salir! Todo ocurrió muy despacio y con mucho retraso, pero ya podíamos respirar tranquilos porque era seguro que en un momento u otro íbamos a despegar. Habíamos superado la segunda prueba. De nuevo el vuelo fue tranquilo, con muy buen tiempo, todo el cielo despejado. Para mi regocijo casi ni se notaba que íbamos en avión.

Tras poco más de dos horas de vuelo se empezó a divisar la costa de Italia. Al final aterrizamos en el aeropuerto de Fiumicino casi a las tres de la tarde. Estaba pisando mi país número 5. Habíamos contratado un servicio de transporte que nos llevaría al hotel. Siempre que hemos viajado en avión a otro país lo hemos hecho porque sale económico (sacando cuentas es más barato que los taxis que cubren el recorrido aeropuerto-centro ciudad en la mayoría de los casos), siempre son puntuales, hablan español, nos llevan del hotel al aeropuerto también a la vuelta y nos ahorramos ir cargando con el equipaje en metros o autobuses. Me siento muy tranquila con este servicio porque una se despreocupa por completo del trámite de traslado el primer día y el último, que son los más confusos.

El aeropuerto de Fiumicino era una auténtica locura porque tras la huelga se había puesto todo en marcha de repente y estaban llegando todos los vuelos atrasados de golpe. El encargado de los traslados, Danielle, un italiano que cumplía con todos los tópicos asignados a su nacionalidad, estaba al tanto del retraso del avión e iba como loco intentando organizar a todos los viajeros que llegábamos, pero fue muy amable, incluso cuando después de media hora nuestra maleta aún no aparecía. Como todo estaba saliendo tan mal, pensaba que ya solo faltaba que la hubiesen perdido con todo el jaleo en Madrid o allí en Roma. Toni y yo estábamos desesperados, pero al fin apareció. Magullada, pero allí estaba. Tercera prueba superada.

Giuseppe, il mio conducente preferito! xD
Danielle, que llegados a este punto estaba atacado de los nervios, nos asignó a un chófer que se llamaba Giuseppe y era una réplica en miniatura de Robert Downey Jr. con el pelo corto, como en la foto que pongo aquí (obtenida de este sitio). Era el clon italiano, lo juro. ¡Era Giuseppe Downey Jr! Giuseppe nos subió a un flamante Jaguar de color negro y comenzamos el trayecto hacia el hotel. Me da miedo volar, pero después de haber probado el tráfico de Roma no estoy segura de si eso me aterra todavía más. Hay semáforos, pero es como si no los hubiera. No hay carriles pintados en el asfalto, cada uno conduce por donde quiere y adelanta a lo James Bond (¡da igual que venga otro de frente, halaaa!). Así que todo lo que decían sobre el tráfico de esta ciudad era cierto ¿eh? Para colmo, el buen Giuseppe no encontraba el hotel. Dimos un par de vueltas a la zona y, nada, empecé a pensar que lo habían cerrado desde que lo habíamos reservado y se habían olvidado de avisarnos. Resulta que la calle se cortaba en dos, pero no seguía recta exactamente y el hotel estaba en una zona curva que pasábamos por alto una y otra vez. Al final, Giuseppe Downey Jr. tiró de plano porque el GPS iba por libre y apareció el hotel The Duke. Via Archimede. Roma. Cuarta prueba que valía por dos: superar el tráfico y encontrar el hotel.

En fin, nos despedimos de Giuseppe entre apretones de mano y risas por la confusa situación vivida (pero bien resuelta) y entramos en el hotel. Había acabado la pesadilla y estábamos oficialmente en Roma, sanos y salvos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...